Por: Antieditorial

Independencia, era del plástico

Por Germán Vargas G. *

El editorial "A redoblar esfuerzos contra el plástico” (4 de julio de 2019) no promueve un grito de independencia contra el plástico. Necesitamos medidas radicales, pues el souvenir del futuro que nos dejó la utopía de la basura barata, creada por el belga Baekeland (1909), continúa emergiendo de nuestros océanos, cual impermeable Atlántida moderna, hecha de plástico.

No cabe duda de que es positiva la reducción en el uso de bolsas para cargar nuestras compras. Sin embargo, este dato oculta el incremento de los plásticos de un solo uso con los que empacan alimentos, libros y productos que adquirimos, porque la economía sigue siendo renovable aunque el mercadeo privilegie la estética sobre la sostenibilidad.

El PVC ha permitido desarrollar infraestructura higiénica; sin embargo, los desechos continúan colonizando nuestras fuentes hídricas, derivando fenómenos colaterales como el Gran Cinturón Atlántico de Sargazo, o el hallazgo de micropartículas plásticas en las lujosas marcas de agua embotellada (Aquafina-PepsiCo, Dasani-Coca-Cola, Evian-Danone, Pure Life o San Pellegrino-Nestlé. Synthetic Polymer Contamination in Bottled Water, 2018), demostrando los efectos de exportar y deslocalizar las externalidades negativas, concepto con el que los precios maquillan los costos del ciclo económico.

Las iniciativas de sostenibilidad de Colombia siguen siendo pobres, pues emulan a potencias que no demuestran interés en cambiar. Por eso, aunque el banquero Macron no sea santo de mi devoción, lamento que el presidente Duque haya banalizado la visita a su país, regalándole una camiseta de la selección, en lugar de aprovecharla para apropiar los avances que ese país ha empezado a emprender en materia ambiental, siendo pioneros en la prohibición a los supermercados de “blanquear alimentos”, aplicándoles hipoclorito de sodio, o tirarlos en contenedores de basura.

En lugar de impedir que sean aprovechados por otras personas, contribuyendo a que más de un tercio de los alimentos para consumo humano se desperdicie (Food Loss Analysis, FAO), y asumiendo la huella de carbono que impone su cultivo, procesamiento, transporte, conservación y disposición en el lugar de venta, obliga a estos eslabones de la cadena de valor a suscribir convenios de colaboración con los bancos de alimentos.

De hecho, durante junio de este año, ha sido aprobada la ampliación de esta medida a los productos no alimentarios, que también contienen o son contenidos por plásticos, incluyendo ropa, higiénicos, cosméticos y electrodomésticos (France to ban destruction of unsold consumer, luxury goods. France 24, 2019), medida a la que se oponían las marcas de lujo, para protegerse de la piratería.

Prefieren asumir las pérdidas de botar antes que donar: el verdadero reciclaje económico, que debe ser sostenible además de viable.

Mientras el Gobierno, el Congreso y las Cortes se ponen las pilas, invoquemos nuestros poderes ciudadanos para adoptar pequeños cambios, pues cada uno de nosotros puede hacer gran diferencia; por ejemplo, los invito a utilizar afeitadoras clásicas, que no consumen electricidad y tampoco perpetúan los plásticos de un solo uso.

* Docente y analista ([email protected])

 

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