“Indiecitas”

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Es tan profundo el racismo en Colombia que el abuso sexual de niñas indígenas es apenas un asunto marginal, una serie de eventos desafortunados que se naturalizan e investigan como faltas al comportamiento, delitos menores, accidentes del servicio; tan animalmente primitivo el hecho, tan persistente el etnocidio, tan evidente la insensibilidad.

A eso llevan las guerras, podría decirse para insistir en la necesidad de fortalecer la paz, de ese “otro mundo posible”, pero los hechos denunciados no se dieron en ese ámbito. La evidencia recogida por Jineth Bedoya identifica una práctica continuada y casi consensuada, una rutina seguramente conocida por todos los habitantes de las regiones, si acaso un tema de conversación dominical en el parque bajo el calor de la cerveza. Así son las cosas, es lo que corresponde, con resignación y tristeza, indiferencia o profunda indignación; las “indiecitas”, que le sobran a todo el mundo porque “salieron del monte” con sus abuelas y abuelos hace nada, ratifican todas las razones de los pueblos indígenas no contactados y nos hacen mirarlos, si lográramos alzar la mirada, con la expectativa de que nunca lo hagan.

 

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