Por: Luis Carlos Vélez

Indiferencia vergonzosa

El jueves pasado se escribió un nuevo capítulo en la triste realidad venezolana. Fue una operación conjunta sin precedentes para callar de una vez por todas a la oposición de ese país.

Mientras un escuadrón de hombres armados con fusiles de largo alcance irrumpía en la Alcaldía de Caracas para llevarse al alcalde Ledezma, funcionarios de la cárcel Ramo Verde la emprendían contra Leopoldo López luego de que este diera una entrevista en la que revelaba detalles de los abusos que ha tenido que enfrentar en su cautiverio.

Las acciones de la semana pasada, por su severidad, dejan claro que el gobierno Maduro nunca antes había pasado por un momento de tan profunda debilidad y también se hizo evidente que Chávez y Maduro se diferencian principalmente en su aproximación a la ley. Mientras el Comandante aparentemente tenía algo de vergüenza y trataba de camuflar sus determinaciones bajo argumentos legales que hacían sentir que el sistema por lo menos existía, el segundo, ya sea por ignorancia o negligencia, simplemente lo evita.

La pregunta por supuesto es: ¿Hasta cuándo? La respuesta es un misterio, porque aunque el descontento en las calles es evidente y creciente, son múltiples las oportunidades en que aquellos que se oponen a esta manera de gobierno han salido a las calles a manifestarse en estos últimos 16 años, sin lograr nada.

En Venezuela la situación ha logrado polarizar la nación y dividirla no necesariamente entre ricos y pobres, sino en algo más perverso, como los poderosos y los desprotegidos. Chávez, Maduro y todos sus áulicos han impuesto un modelo en el cual no hay equilibrio de poderes y las determinaciones son tomadas por unos pocos que están muy contentos en la silla de mando. Por eso, mientras el descontento no venga desde el interior de ese grupúsculo de gobierno o de los militares, que también se benefician de lo que queda de la nación, poco podrá gestar un cambio de gobierno.

A todo esto se le suma la indiferencia vergonzosa de la llamada comunidad internacional, que salvo muy tímidas excepciones como la del presidente Juan Manuel Santos, no han hecho llamados a la cordura. Brillan por su ausencia los pronunciamientos de otros gobiernos latinoamericanos que callan por tener millonarios negocios y similitudes de pensamiento con el Socialismo del Siglo XXI, como Argentina, Ecuador, Bolivia, y Brasil. Y ni hablar de la OEA, que mantuvo su puerta cerrada esta semana sin una declaración.

Esta semana vendrán más declaraciones, entre ellas las de Unasur, que ya dijo que evaluará lo sucedido, aunque a decir verdad no se puede esperar mucho de una organización que hasta ahora no ha tomado posturas fuertes frente a lo que ocurre en Venezuela y que por el contrario ha demostrado una gran afinidad al pensamiento que emana desde Miraflores. Venezuela está hecha pedazos y sin petróleo.

 

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