Por: Cartas de los lectores

Indigentes y recicladores

Infortunadamente en el barrio Laureles, en la ciudad de Medellín, cada vez se hace más difícil convocar y, aún más complicado, tolerar.

Con sólo decir que la JAC es un término peyorativo y es una de las razones por la que dichos ediles son estigmatizados, porque son los representantes de nuestra comuna. ¿Comuna? Esa palabra es impronunciable en nuestro barrio, muchos vecinos aseguran que no somos un barrio que pertenezca a una comuna: nada más vergonzoso, nada más ignorante.
De igual manera, unos pocos vecinos, por fortuna, no admiten, no conciben que en nuestras calles, como en el resto del país, circulen indigentes, recicladores, ni vendedores de a pie o con chazitas.
Hemos visto por décadas a muchas de estas personas. Las conocemos por su nombre propio o apodo. Sin exagerarlo, ya son íconos de nuestro barrio. Personalmente y, en su lenguaje, los distingo y me distinguen, nos prestan servicios y en las solas noches nos acompañan a nuestros hogares, como en tantas otras ocasiones nos alertan sobre peligros que nos acechan.
Al amanecer del pasado domingo 1º de febrero fue asesinado a golpes uno estos compañeros de las calles por un sujeto (no sé si sea vecino nuestro) que se encontraba con su combo. El Indio, como lo apodaban, se acercó a pedirles algo de comer, una ayuda; tan sólo eso. Ocurrió en el Boulevard de la 70, uno de los lugares más concurridos por esta población flotante, en este sitio atestado de restaurantes y bares. Este hombre era conocido por los comerciantes y población flotante desde lustros atrás, quienes repudiaron el hecho.
No tengo la menor duda de que si este asesinato se comete en cualquier otro barrio de cualquier otra comuna de Medellín se hubiera armado la de Troya, y hubiera sido mediata y viral noticia en Colombia.


Raúl Moreno Sierra. Medellín.

 

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