Por: Columnista invitado

Indignación

En el aeropuerto de Guarulhos, en São Paulo, le pedí a un operario de una aerolínea el favor de que me tomara una fotografía con una imagen a escala humana del defensor de la selección brasileña Marcelo, que da la bienvenida a su país con el pulgar arriba.

“La Copa es para que los que ya ganan millones, como él, ganen más, mientras los demás seguimos igual o peor”, dijo en tono de protesta. Es el descontento que se percibe en todas las ciudades sedes de Brasil por el despilfarro de dinero del que se acusa al Estado en beneficio de la empresa privada. En medio de los centenares de hinchas de todo el mundo que se toman los aeropuertos, es fácil olvidar a los marginados de la fiesta, que tienen razón porque la tendencia publicitaria de la economía más fuerte de Latinoamérica está dominada por el fútbol.

Según Deloitte, la pauta global asociada a este Mundial superará los US$2.900 millones. En Colombia es normal que los futbolistas sean protagonistas de comerciales, pero aquí es peor. No se da un paso sin que algún miembro de la selección verdeamarela esté intentando convencerte de comprar algo. El Bem-vindo de Marcelo no es gratuito, hace parte de una campaña de la aerolínea TAM para captar más viajeros con la ayuda de otros dos defensores del pentacampeón del mundo: David Luis y Thiago Silva. Oscar y Kaká aparecen en vallas gigantes, valiéndose de su imagen de niños buenos para vender nuevas garantías de los automóviles Hyundai. Oscar ya perdió la vergüenza y vende muerto de la risa calzoncillos Calvin Klein.

Pelé no sólo sigue siendo el rey del fútbol sino de la publicidad. Su imagen es de las más solicitadas y costosas para ofrecer desde tarjetas de crédito hasta tarjetas SIM. El nuevo astro del balón brasileño, Neymar, no se queda atrás y promociona en medios impresos y digitales la última generación de Smart TV de Panasonic, aunque también lidera una campaña contra la explotación sexual de menores de edad incrementada por el turismo. La selección celebrando goles y facturando reales se ve por todas partes con patrocinadores como Unimed. Hasta el técnico, Felipão, entró en la onda y también es blanco de críticas. Guga Kuerten, la leyenda del tenis local, es el torcedor más famoso gracias al Banco do Brasil.

Todas estas estrellas deportivas han desplazado a las grandes modelos, como Fernanda Lima y Giselle Bündchen. En el Brasil mundialista la pauta diaria se equipara a la inversión publicitaria del Super Bowl norteamericano con US$2 millones. Además de lo que ganan por publicidad, los premios que se repartirán las selecciones nacionales por participar en el campeonato suman US$576 millones (desde US$35 millones para el equipo campeón hasta US$9,5 millones para el último). Tiene razón el indignado de São Paulo, pero el Gobierno se defiende asegurando que el turismo aumentará 80% y pasará de 5 millones de personas al año a casi 9 millones en 2018. Y que la organización del Mundial generó más de tres millones de nuevos puestos de trabajo, la mayoría temporales.

El impacto en la economía, según Deloitte, será de cerca de US$63.000 millones. En todo caso, mientras los futbolistas sonríen, los ciudadanos no se ven dichosos con la copa. El anuncio con el que están de acuerdo dice a los visitantes: “Nuestro talento va más allá del fútbol”. Eso es lo que quieren que entienda el Gobierno en beneficio de todos.

 

*Nelson Fredy Padilla

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