Por: Luis Felipe Henao

¿Indignados?

Esta semana el presidente Duque le cumplió al país. Se comprometió a sancionar la Ley Estatutaria de la JEP si la Corte Constitucional se lo ordenaba y lo hizo sin maniobras soterradas. Sin embargo, al mismo tiempo la derecha radical comenzó una campaña de desinstitucionalización contra las cortes, la ONU, el Gerente del Banco de la República y en general todo el que no esté de acuerdo con ellos, lo que le hace más daño al presidente que todas las críticas de la izquierda juntas.

Como anuncié en una columna hace varios meses, luego de la sanción de la Ley Estatutaria de la JEP, el Centro Democrático está convocando todo tipo de marchas contra las cortes para buscar una Asamblea Nacional Constituyente. Además de las decisiones de la Corte Constitucional sobre la JEP, el nuevo caballito de batalla es la sentencia que tumbó las multas por consumo de alcohol y drogas en el espacio público. Si bien esta decisión es cuestionable, no tendrá los efectos apocalípticos que algunos anuncian para atacar a la Corte. Para comenzar, siguen vigentes todas las normas que sancionan la inducción a menores del consumo de alcohol o estupefacientes, las que castigan la realización de desórdenes en el espacio público y la prohibición de consumo cerca de establecimientos educativos. Incluso también es posible desalojar a la persona que cuya conciencia se encuentre alterada por el consumo de sustancias. Por ello, si bien la decisión de la Corte es debatible, las escenas dantescas de jíbaros ofreciendo drogas a menores son totalmente falsas.

En la misma semana hemos visto la indignación del sector más radical de la derecha con la ONU por haber cuestionado la lentitud de la implementación del Acuerdo de Paz. Frases increíbles como “qué respeten”, que parecen sacadas de un discurso de Maduro o de Diosdado Cabello, ahora son utilizadas por la ultraderecha colombiana. En el campo económico, se está generando un debate sin precedentes entre el gerente del Banco de la República y el ministro de Hacienda, que hace difícil lograr la confianza del mercado. Al mismo tiempo, la respuesta airada contra The New York Times, como si se tratara de un pasquín de barrio y no de uno de los medios de comunicación más prestigiosos del mundo, nada le ayudan a la imagen del Gobierno a nivel internacional.

Al final, estas posturas radicales le están haciendo más daño al presidente que toda la oposición junta. Una constituyente desgastaría al país y el capital político del Gobierno en un proceso sin rumbo que puede llevar alrededor más de dos años. La prueba fue el trámite de las objeciones de la JEP, en las cuales el Gobierno se desgastó más de medio año, en vez de concentrarse en su agenda legislativa. Por ello, si el Gobierno se embarca en el proyecto de ataque a las cortes, a la ONU y a las autoridades económicas, el presidente perdería varios años de su periodo y al final le quedará menos de un año para poder hacer los proyectos que realmente quiere dejarle a Colombia.

La indignación ha sido un movimiento surgido en muchos países del mundo de la inconformidad ciudadana con las instituciones y en especial con los gobiernos. Por ello, que el movimiento de indignados surja precisamente del partido de gobierno no tiene sentido alguno y solo aumenta la polarización y la desconfianza de los ciudadanos en la institucionalidad.  

 

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