Por: Daniel García-Peña

¿Indolencia o memoricidio?

En un cuarto de San Alejo, detrás de muchas cosas, al fondo de un rincón sucio, oscuro y húmedo, mi esposa los encontró: los diplomas originales de grado de Jorge Eliécer Gaitán, tanto el de abogado de la Universidad Nacional como el Cum Laude otorgado por la Universidad Real de Roma con el premio Enrico Ferri, empolvados, uno encima del otro, con el vidrio roto en tres pedazos. ¡Increíble! Su asombro rápidamente fue superado por el dolor profundo que como nieta de Gaitán solo ella puede sentir.

No fue lo único. Ese día celebrábamos el natalicio de Gaitán. Pero al entrar a la Casa Museo, Gloria Gaitán, hija única de Gaitán, después de muchos años sin haber podido ingresar a la que fue su hogar de niñez, acompañada por María Valencia, su hija y mi esposa, constató la ausencia de la gran mayoría de muebles, adornos y cuadros, todos los tapetes, diversos objetos antiguos rotos, la silla del escritorio de Gaitán en franca descomposición, su famosa capa negra comida por polillas y otros horrores. Varios amigos y amigas estuvieron presentes, entre ellos Juan Manuel Ospina, Camilo Romero, José Antequera y Vladimir Rodríguez.

La Casa Museo fue entregada hace 15 años por el gobierno de Álvaro Uribe a la Universidad Nacional y desde ese entonces, en sus manos, ha sufrido el abandono, igual que El Exploratorio adjunto, diseñado por Rogelio Salmona, aún inconcluso y en ruinas. Lo más insólito de este incidente más reciente es el poco valor que la Universidad Nacional le da a uno de sus propios diplomas, de quien podría considerarse su más importante egresado. Con mucha razón, Gloria Gaitán califica todo esto de memoricidio. 

Como profesor de la Universidad Nacional, esta realidad me duele aún más. Sé que la inmensa mayoría de los estudiantes y profesores la desconocen y, al enterarse, quedan sorprendidos e indignados. 

Con la llegada de Dolly Montoya a la rectoría, se abrió la posibilidad de iniciar una nueva etapa. Participé en una reunión muy positiva entre Gloria Gaitán y ella, y fui testigo de su compromiso como rectora de poner en marcha un proceso institucional encaminado a cumplir con lo que la ley establece en cuanto al destino para el cual los terrenos fueron expropiados. Salí muy optimista. Eso fue hace más de dos meses, quizá poco en tiempos institucionales, aunque sí lo suficiente como para al menos haber iniciado los correctivos pertinentes. Ahora nos encontramos ante esta situación lamentable, a todas luces injustificable, escandalosa y sobre todo dolorosa. Quisiera seguir siendo optimista, pero así es muy difícil.
 
No se trata exclusivamente de un reclamo justo de la familia Gaitán. Al fin y al cabo, Gaitán fue el líder político colombiano más significativo del Siglo XX. En cualquier otro país del mundo, la casa y la tumba de su equivalente tendrían el carácter de verdadero monumento nacional. La presencia ese día de Antequera y Rodríguez, recién posesionados por la alcaldesa de Bogotá para manejar asuntos de memoria y víctimas, y sobre todo sus palabras de comprensión y respaldo, fue una luz de esperanza.

La memoria, la verdad y el esclarecimiento histórico son fundamentales en la búsqueda de la paz y la reconciliación. Y en estos tiempos de movilización social, el legado de Gaitán está más vigente que nunca.

***

La payasada de Iván Duque de pedirle a Juan Guaidó la extradición de Aida Merlano devela el fracaso de la política exterior frente a Venezuela. Voces autorizadas de diversos sectores han propuesto al menos repensarla. La reapertura de las relaciones consulares puede ser un significativo paso inicial, a favor de los tres millones de colombianos en Venezuela y los cerca de dos millones de venezolanos en Colombia. Los consulados no hacen parte del ámbito de las relaciones diplomáticas o políticas, sino de la responsabilidad de cada Estado con sus propios conciudadanos. La gran mayoría de países que han reconocido a Guaidó mantienen sus consulados en Venezuela. Para la reapertura, se puede acudir, de ser necesario, a la intermediación de un país tercero (como el papel que cumple Suiza entre Estados Unidos e Irán). Es urgente, ya que los consulados desempeñan funciones indispensables para atender la crítica situación humanitaria.

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* Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y Director de Planeta Paz
 

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2020-02-04T00:00:43-05:00

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