Por: Gonzalo Silva Rivas

Industria del postconflicto

Las cifras del Banco de la República confirman la progresiva importancia y el impacto que la industria turística ha tenido dentro de la economía nacional durante los últimos años. Supera con más del 50 por ciento las exportaciones totales de servicios y se consolida como tercer generador de divisas en el país, siguiéndole los pasos al petróleo y al carbón.

Desde finales de la década pasada, cuando el Estado enfrentó con rigor a los grupos terroristas, el turismo colombiano volvió a ocupar un espacio dentro del portafolio internacional, logrando posicionarse en el mercado latinoamericano, donde asume algún papel protagónico. Desde entonces experimenta un crecimiento gradual y sostenido, pero aún bastante lejos de sonreírle a las grandes ligas de los países que reciben los mayores volúmenes de turistas internacionales.

Recién asumió la administración Santos, el Ministerio de Comercio se trazó la meta de captar US$4.000 millones en divisas turísticas para 2014, y no solo alcanzó la cifra sino que la rebasó en más del diez y siete por ciento. El país obtuvo US$4.980 millones, gracias a la llegada de 4.192.742 visitantes del extranjero, entre ellos 1.967.814 turistas no nacionales.

Para este segundo tiempo del gobierno, y con miras en el 2018, la ministra Cecilia Álvarez se acaba de fijar como próximo objetivo captar la suma de US$6.000 millones, monto que significaría un crecimiento de US$1.020 millones durante todo el cuatrienio. Una proyección oficial que resulta bastante discreta, pues fija un incremento poco ambicioso e inferior al obtenido durante el primer mandato del presidente Santos, que estuvo en el orden de los US$2.300 millones.

La apuesta a la que aspira la ministra Álvarez apenas ronda por los topes alcanzados durante el segundo gobierno del presidente Uribe, que registró un crecimiento de divisas turísticas superior a los mil millones de dólares. Una época, entonces, compleja y turbulenta, en la que se libraba una fuerte contienda con alzados en armas, pero en la que también se dieron los primeros pasos para cambiar la discutida imagen internacional que de un plumazo nos sacó del mercado turístico global, hacia finales del siglo pasado y durante largos años.

El mesurado incremento de las divisas turísticas proyectado para el 2018 reflejaría un aumento proporcional e igualmente moderado de turistas, extraño en un período relativamente estable, en el que se abordan diálogos de paz, se acuerdan ceses del fuego y se planean estrategias para el posconflicto. Además de la disposición de ahuyentar los vientos contaminantes de la violencia, el Gobierno ha insistido en convertir a Colombia en una opción turística de primer orden para los extranjeros.

México, socio comercial en la Alianza del Pacífico, al que el accionar de la mafia sacó del Top Ten Mundial del Turismo, recibió el año pasado 29.1 millones de turistas, que dejaron ingresos por US16 mil 250 millones, 16.6 por ciento más que en 2013. Este país, pese a sus problemas de violencia, no ha dejado de impulsar el turismo y lo mantiene a flote.

El principal activo del país, que es su imagen nacional, se ha venido valorizando positivamente y la época resulta apropiada para impulsar grandes metas que hagan del turismo la industria del posconflicto.

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