Inflación de sueños

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El dato de inflación confirma que varios motores de la economía están apagados. En medio de las malas noticias, hay algo muy útil en la información: hay margen para que el Gobierno y el Banco de la República sean más agresivos en su respuesta macroeconómica, con más coordinación y con más gasto público financiado por emisiones de dinero.

La baja inflación del mes de mayo (2,85%) muestra de manera clara que hay espacio para inyectarle dinamismo a la demanda agregada (consumo, inversión, entre otros) a través de la inversión y el gasto público, y que hay espacio para que la política monetaria, orientada por el Banco de la República, salga de su zona de confort de reducciones escalonadas y poco efectivas de su tasa de interés de intervención.

La Junta Directiva del Banco de la República debería, de una vez por todas, aprobar la emisión de dinero y prestárselo al Gobierno –mecanismo plenamente constitucional (artículo 373)–, como lo propuse en El Espectador hace más de dos meses.

Es la forma rápida y menos costosa de financiar un paquete serio de atención humanitaria para los colombianos más afectados por la crisis, medidas de fortalecimiento del sistema de salud y una parte de la reactivación, enfocada principalmente en la creación de empleos. Esas son las prioridades.

Es la forma, además, de evitar la siguiente ineficiencia: el Banco de la República le presta recursos al sistema financiero, para que este luego los invierta en deuda pública (TES), para que luego así el Gobierno cuente con financiación. Obviamente en ese camino largo las margaritas van perdiendo sus pétalos. No es difícil imaginar que hay ganancias de intermediación que dejan de usarse para atender las verdaderas necesidades de la gente.

¡Hay una tormenta, más de cinco millones de personas perdieron su empleo! No pueden seguir como si estuviéramos pasando por un chaparrón.

Es tiempo para dejar atrás medidas macroeconómicas demasiado pequeñas y demasiado tardías. Una reacción contundente de las políticas fiscal y monetaria en tiempos de crisis no va a confirmar las premoniciones hiperinflacionarias de algunos distraídos. Por el contrario, seguir con una reacción tímida de política puede dejarnos como testigos de una destrucción seria de capacidades productivas, contracción de la oferta agregada y ahí sí estanflación (estancamiento económico e inflación).

Las cifras presentadas por el DANE son claras y deben propiciar cambios de política. El único costo de actuar con decisión es la “deflación” de los sueños ingenuos de los cancerberos ideológicos de la ortodoxia neoliberal.

* Ph.D. en Economía, University of Massachusetts-Amherst. Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/).

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