Por: Rodolfo Arango

Informalidad y desigualdad

LA INFORMALIDAD REINA EN COLOMbia y en los llamados países en desarrollo. Se calcula que entre el 79 y el 90% de su población vive en la extralegalidad.

Cuatro mil millones de personas en el mundo no gozan de la protección ni de las oportunidades que el Estado de derecho, las leyes y las instituciones le brindan a una minoría selecta. Mientras tanto las barreras de entrada a la legalidad aumentan la desigualdad social. Los anteriores estimativos no surgen de análisis sesgados de críticos antisistema. Provienen de la Comisión para el Empoderamiento Legal de los Pobres, una iniciativa a escala mundial creada por países industrializados y en desarrollo para investigar el vínculo existente entre exclusión, pobreza y derecho. Patrocinada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Comisión es actualmente presidida por Madeleine Albright —ex secretaria de Estado de los Estados Unidos— y por el economista peruano Hernando de Soto.

La vida en los extramuros del sistema jurídico condena a la gran mayoría de la población de nuestros países a vivir en la pobreza. Sólo un pequeño porcentaje de personas tiene el conocimiento, las conexiones y los recursos para gozar del amparo del Estado social de derecho. Los niveles de impunidad, de venalidad y de rebusque ilegal para subsistir son la regla general, no la excepción. A esta realidad debe ponerse más atención en nuestros estudios y no tanto a modelos jurídicos y económicos ideales. Parte de nuestro atraso radica en copiar instituciones con arraigo en otras latitudes pero aún sin realización práctica en nuestro medio.

Para comprender la informalidad generadora de desigualdad tampoco basta un punto de vista ético. La extralegalidad es un fenómeno social con profundas raíces. La economía neoclásica parte de agentes racionales capaces e inteligentes, que compiten en un libre mercado donde la ausencia de restricciones estatales permite la iniciativa privada y el crecimiento económico. Esta idealización del mercado es ciega a los costos de transacción que supone acceder a la información necesaria para disminuir los riesgos y para asegurar la protección legal de las inversiones. Un contacto oportuno, una llamada al conocido, una manito del agente oficial, una trampita tributaria, otorgan a los competidores ventajas siderales frente a personas éticas con sentido de la justicia. En el liberalismo económico el éxito pertenece a los avispados mientras la pobreza es un hecho natural que afecta a tontos y perezosos. El espejismo de la igualdad en la competencia oculta la marginalidad de quienes no tienen acceso real a las oportunidades.

Los estudios sobre desigualdad, exclusión y pobreza deben estructurarse a partir de la realidad de la informalidad. El Estado de derecho es para la minoría. El acceso a la producción de leyes y decretos es exclusivo de grupos y sectores con poder ya incluidos en la institucionalidad formal. La enorme proporción de excluidos que no está dispuesta al clientelismo y al tráfico de influencias no tiene acceso a las ventajas de la formalidad. Existe un orden favorable a pocos en el caos social. De no reconocerlo seguiremos sólo arañando la anomia que nos identifica mientras confiamos en un Estado que para la mayoría es aún tótem y tabú, símbolo de ceguera, desigualdad, iniquidad e indolencia sociales.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Rodolfo Arango

Tres espectros

Propiciemos el cambio

Enseriemos el debate

Dejación de ilegalidades

Adiós a las armas