Íngrid y Mc Cain: dudosas coincidencias

Por fin una buena noticia ente tanta inestabilidad. Ya era hora de que Íngrid recobrara la libertad. No deja de ser paradógico, sin embargo, el hecho de que un golpe militar tan milimétricamente calculado se produzca justo cuando el candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos se encuentra de viaje por tierras colombianas.

Ojalá esto sólo sea efecto de una extraña coincidencia. De cualquier manera, qué buena nueva para los familiares de los plagiados que por tanto tiempo han tenido que esperar la llegada de sus seres queridos.

Antonio Ochoa. Cali

Íngrid Betancourt: la candidata esperada

Queda claro con este rescate que en adelante la candidata presidencial que los colombianos requerimos, la persona que nos puede sacar del eterno conflicto en el que estamos, es la mismísima Íngrid Betancourt. Por su experiencia en la política, por su preparación intelectual, pero también por su autoridad moral para abordar, esta vez sí desde el poder, la salida negociada al conflicto.

Íngrid Osorio. Bogotá.

El Ministro roba cámara

Estupefactos hemos quedado los colombianos con el rescate de los militares estadounidenses, los policías y la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt. Cuánto tiempo han debido esperar sus familiares para que este momento llegase.

Igualmente estupefactos hemos quedado ante la forma como se le presentó la noticia al mundo y el protagonismo que adquirió el Ministro Santos. No queda claro por qué motivo el presidente Álvaro Uribe, siempre presto a dirigirse a los colombianos en situaciones de alegría y tristeza, pasó de agache en los momentos iniciales de la noticia.  

El Ministro, nuevamente al mando, capitalizó como suya una victoria que en estricto sentido le pertenece al pueblo colombiano. Cero y van dos dirían algunos.

Ramiro Llinás.  Bogotá.

En defensa de la Corte

Me preocupa su “llamado a la cordura”, que no es para nada equilibrado. De hecho, lo que su editorial del domingo pasado sugiere es que las decisiones de la Corte Suprema se tomen haciendo también consideraciones prácticas respecto a la “estabilidad institucional”.

De acuerdo con la misma información de la redacción judicial de El Espectador (del 27 de junio), la acción de la Corte consistió en denunciar formalmente a las autoridades competentes un delito del que tiene plena certeza: el cohecho. ¿Propone usted que cuando se considere que este tipo de denuncias puede afectar la “estabilidad institucional” no se realicen?

Si la Corte Suprema tiene pruebas de que el trámite de la ley estuvo viciado ¿es una “extralimitación” señalárselo así a la autoridad correspondiente?

Sinceramente no veo cómo ni con qué propósito la Corte podría estar participando de una “batalla de poder”. Precisamente la Corte no debe tomar sus decisiones de acuerdo con cálculos políticos, que es lo que paradójicamente su editorial denuncia e implícitamente propone.

En cambio, lo que habría que esperar de un Presidente de la República es que exigiera, aunándose a la Corte Suprema, que las autoridades correspondientes completaran inmediatamente y con urgencia esta investigación por cohecho y sus implicaciones políticas. Equilibrio es esperar y exigir este comportamiento. Y no precisamente sumarse al coro de los que buscan (y encuentran) intenciones desestabilizadoras y subversivas en los intentos —que ya se están volviendo quijotescos— de que la ley se cumpla.

Jose Luis Alarcón. Bucaramanga.

Rescatados, no liberados

El hecho de que los secuestrados que han sido rescatados no hayan sido liberados constituye un claro ejemplo de que la política de Seguridad Democrática es real y funciona. Otra cosa dirán sus contradictores, pero lo cierto es que con esta operación, esta si de clara inteligencia militar, el Gobierno se anotó un gol que ya nadie podrá atajar.

De haber sido liberados, más de uno estaría vaticinando el fin de la necesaria Política de Seguridad Democrática. Que siga entonces adelante el Ministro, y que sigan también los rescates para dar con el paradero de los que siguen en la selva, sin esperanza alguna de ser liberados en el contexto de un intercambio humanitario.

Sandra Orjuela. Tunja.

Cambia la negociación

Hecho el rescate de Íngrid Betancourt, tras 6 años de secuestro, lo que viene para la guerra colombiana es un cambio de sentido. Un esperado viraje. Y ya era hora.

El momento no está para celebraciones, eso hay que tenerlo presente. En cualquier momento las Farc deciden volver a sus pescas milagrosas ahora que no tienen cómo presionar una negociación. Que nadie llame ahora a la fiesta y a la innecesaria sensación de victoria.

El camino sigue siendo largo y tortuoso para los que aún siguen en la selva. Nada sacamos entonces con salir a emitir gritos de júbilo.

Lo que sí queda claro es que la negociación, en adelante, se tendrá que dar en otro escenario y bajo otros móviles.  A pesar de que las Farc no tienen con qué negociar, ahora que perdieron sus más valorados objetos de presión (porque tener personas en la selva, por tanto tiempo, es también cosificarlos), la salida al conflicto sigue siendo igualmente incierta.

Lupe Camacho. Barranquilla.

 

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