Por: Rodrigo Uprimny

Injusticias y guerra

Las injusticias causan guerras pero las guerras, a su vez, causan también injusticias.

En Colombia, por ejemplo, la injusticia derivada de la altísima desigualdad en la propiedad agraria fue invocada por las guerrillas para justificar su alzamiento armado. A su vez, esta guerra ha causado inmensas injusticias, pues ha provocado millones de desplazados, miles de secuestrados y desaparecidos y más de 200.000 muertes, según el informe “Basta ya”, del Grupo de Memoria Histórica.

Una paz duradera requiere entonces, como lo han enfatizado académicos como Elster, que las negociaciones aborden una doble tarea, pues es necesario i) corregir las injusticias que pudieron causar la guerra, pero también ii) reparar las injusticias que fueron causadas por la guerra.

Las conversaciones en La Habana han avanzado en la primera tarea. La inequidad rural y las restricciones a la participación política y a la movilización social de las fuerzas de oposición han sido dos factores esenciales en el desencadenamiento y perpetuación de nuestra guerra. No son los únicos factores, pero representan sin lugar a dudas injusticias de nuestra precaria democracia que están en el origen del conflicto armado. Y por ello es una buena noticia que haya acuerdos significativos entre las Farc y el Gobierno sobre el problema rural y sobre la participación política; las partes podrían estar llegando a un consenso sobre cómo remover ciertas injusticias que posiblemente han causado nuestra guerra, o que al menos han sido invocadas para perpetuarla.

Además, en el punto de las drogas ilícitas, cuyas rentas han agudizado el conflicto armado, es razonable que las Farc y el Gobierno logren acuerdos relativamente rápidos, pues no parecen tener posiciones muy lejanas en el tema.

El desafío que persiste entonces en estas conversaciones de paz es que las partes avancen decisivamente en la segunda tarea y logren acuerdos para enfrentar adecuadamente las injusticias que esta guerra ha causado. El dolor, el sufrimiento y los reclamos de las víctimas deben ser escuchados. Las guerrillas deberán reconocer sus responsabilidades y rendir cuentas por los miles de secuestros, los reclutamientos forzados de niños, los ataques desproporcionados a poblaciones o los asesinatos. Y el Estado también deberá responder por sus víctimas, como los mal llamados falsos positivos.

Esta segunda tarea no será nada fácil, pues requiere humildad y sensibilidad frente al sufrimiento de las víctimas, tanto de las Farc como del Estado. Y aunque ha habido gestos importantes de ambos lados, aún falta mucho. Pero tenemos que encontrar salidas. Sería muy doloroso que, después de avanzar tanto en lograr acuerdos para remover ciertas injusticias que pudieron causar nuestra guerra, no seamos capaces de encontrar fórmulas para reparar las injusticias causadas por esta guerra. Y que terminemos entonces perpetuando este cruel conflicto armado y que éste siga ocasionando más injusticias y más víctimas.

 

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