Por: Diana Castro Benetti

Innovación

El evento más sencillo puede transformarse en la posibilidad de un despertar inigualable y en el abrir de puertas a dimensiones íntimas e infinitas.

Un encuentro imprevisto, una frase en un barullo, un adorno en cualquier ventana, son como campanas que llaman la atención para movilizar memorias e inspiraciones cotidianas. Avisos de los destinos de otros, señales innovadoras y llamados de atención que obligan a una nueva mirada de la vida propia.

Pero hacer de estos pequeños acontecimientos de calles y recorridos un camino real y profundo de la exploración consciente, requiere de mínima tecnología. Requiere de hacer del instante una serenidad desde la distancia del día a día y obliga a una atención dedicada a lo que sucede afuera y a lo que acontece adentro. Es saber que en cada momento y desde los sentidos se dispara la imaginación y la creatividad. Fácil y complejo a la vez, es levantar la cabeza, parar en plena calle y sentir la vida desde los pies hasta las orejas. Es poder observar con entusiasmo lo que se vive en este lugar y no en otro; es saber qué se siente y cómo se piensa. Cada instante de observación directa, espontánea y subjetiva contiene los elementos para la comprensión de un momento mayor y la semilla de una modificación brutal.

Por esto, no es inútil repetir que innovar en cualquier camino, y más en el personal, requiere de la práctica delicada de una respiración atenta con la columna recta y el corazón abierto. Exige toda tecnología que repite un pensamiento positivo tras otro y que desaloja las maldiciones de las camas y los lenguajes. Reclama el convencimiento de que es el paso pequeño donde vive la realización y le da sentido a la felicidad en las contradicciones diarias y en los grises de los destinos compartidos.

La innovación que surge de la búsqueda propia no pasa por las nuevas ideas de los otros ni por exprimir la creatividad del más allá. Está determinada por el grado de atención que ponemos a nuestros actos, por la delicadeza con que nos observamos cuando surge la ira, la tristeza o la risa o por la agudeza y honestidad de examinar nuestros pensamientos antes, durante y después de cualquier jolgorio social. La innovación para cualquier mundo mejor requiere acoger esta tecnología individual que pasa por las pieles o los edictos sociales. Precisa, sobre todo, descubrir en los muy pequeños eventos la infinitud y la pasión de la experiencia vital.

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