Por: Rafael Orduz

Innovación, educación y empleo

EL DESEMPLEO ES EL DRAMA MAyor. A pesar de los buenos años de crecimiento económico entre 2002 y mediados de 2008, de la alta inversión extranjera, la creación de empleo en Colombia fue mínima. Más de la mitad es informal, igual que en 1999, cuando la economía del país estaba en receso. Los profesionales ganan menos y las mujeres menos aún.

Algunos se emocionan con las eventuales alzas en los precios de materias primas y productos tradicionales, que obran como una especie de opio que inhibe pensar y decidir acerca de lo que verdaderamente importa, si de crear empleo y prosperidad se trata: educación y conocimiento.

No es consuelo: es un lío de casi todos los países de América Latina. Consignas de los sesenta y los setenta del siglo pasado como las de “El Milagro Brasileño” o “El Japón de Suramérica” (Colombia), fueron retórica. Los países de la región fueron el bloque de menor crecimiento entre 1980 y 2007 al comparar con otros: Asia Oriental y Pacífico, Cercano Oriente y África del Norte, África Subsahariana, o con el promedio de todos los países de bajo y medio ingreso.

La distribución del ingreso es fatal en naciones como Chile (la más competitiva de la región), Brasil o Colombia, en las que el 10% más pobre de la población recibe alrededor del 1% del ingreso mientras que el 10% más pudiente, más del 45%. El desempleo es rampante aunque, valga decirlo, somos líderes en la nefasta tasa.

Para Carl Dahlman (Georgetown University), invitado la semana pasada por Colciencias para exponer acerca de la economía del conocimiento, América Latina no tiene salida diferente a la de emprender, con decisión, pasos hacia el desarrollo de nuevas tecnologías, la articulación entre ciencia y producción, el fortalecimiento de la innovación, el compromiso con la calidad de la educación, y el aprendizaje permanente de la mano de obra. Las empresas, por su parte, tendrán que invertir más en activos intangibles, especialmente en investigación y desarrollo, y demandar trabajo más calificado. Algo va de articularse como economías del conocimiento a las cadenas globales de producción y distribución, a ser, como hoy, simples proveedores de materias primas.

Además de un régimen económico institucional adecuado, Dahlman propone tres pilares: educación, infraestructura de información y comunicaciones, e innovación.

No hay salida diferente a la de embarcarse en la sociedad del conocimiento. De lo contrario, estaremos sometidos al ciclo de siempre (comodidad cuando los precios de los productos internacionales van bien… y viceversa), al desempleo crónico y la pobreza.

Quizás, soñando, contemos en unos años con la sólida Federación Nacional de Biotecnología, la Asociación Nacional de Industriales de la Nanotecnología y el Capítulo Colombiano de Neurociencia, y con una inversión en I+D del 2% del PIB. Con certeza, el desempleo será mínimo y el empleo calificado. Y los enormes esfuerzos de nichos de jóvenes innovadores de la actualidad dejarán de ser excepcionales y se convertirán en la regla.

 

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