Por: José Manuel Restrepo

"Innovando a los innovadores"

Muy acertada la decisión del diario El Espectador de traer a Colombia a Bernardo Hernández, vicepresidente de producto de Yahoo y CEO de Flickr, a que reflexionara en el país sobre la innovación como motor en la economía.

Sin duda, por experiencias de países desarrollados, los efectos del desarrollo empresarial innovador en generación de empleo, en crecimiento del PIB y en construcción de sociedad son impresionantes. Basta reflexionar sobre el caso de Corea del Sur, que en los 60 era una de las naciones más pobres y atrasadas del mundo y hoy es una de las más importantes en sus procesos de patentes de nuevas ideas y en su capacidad de desarrollo tecnológico.

Y digo que la invitación fue acertada porque los planteamientos que se derivan del personaje hablan de la necesidad de fortalecer el “talento y aprovechar el contexto”. Construir una nación más innovadora requiere personas que estén dispuestas a emprender y convertir sus ideas en realidades, que sean capaces de darle valor agregado a sus empresas; significa también reconocer que estamos en un mundo con alto contenido tecnológico en el que lo digital juega un papel fundamental en el futuro de la humanidad, supone jóvenes formados en la elaboración de modelos de negocio y no sólo modelos de conocimiento aplicado, y significa desarrollar en nuestros jóvenes un espíritu que se atreva a “pensar por fuera de la caja”, pero que además se atreva con muchas ganas a hacer cosas distintas, aun arriesgando parte de lo que tiene.

Del segundo elemento (el contexto), nuestro visitante no dijo tanto. Me refiero a que tenemos en el país un ambiente privilegiado para innovar. La llegada masiva y frecuente de inversionistas internacionales, el crecimiento en los fondos de capital semilla y de inversionistas ángeles (sin ser aún lo suficiente), la estabilidad de políticas económicas y en general el hábitat, favorecen al emprendedor. Seguramente hace falta mucha más articulación de los actores comprometidos, más recursos disponibles y una muy buena dosis de bilingüismo.

Sin embargo, lo que definitivamente se le escapó al invitado es que nos hace falta que los educadores inicien realmente ese proceso de innovación. Suenan las palabras de sir Ken Robinson, experto en educación, quien recientemente dijo: “Creo esto apasionadamente: no crecemos en la creatividad y la innovación, crecemos fuera de ellas. O, mejor aún, nos educan al margen de ellas”. Dicho en otras palabras: “Nuestro tipo de educación se encarga de matar la poca innovación que exista”.

Nos corresponde, a todos los actores comprometidos, hacer en el país una reflexión sobre el futuro de nuestra educación. Así lo hacen EE.UU. cuando se pregunta por qué se forman tan pocas personas en disciplinas relacionadas con la sociedad del conocimiento (como la ingeniería, las ciencias básicas e informáticas), o Asia, cuando se pregunta, por el otro lado, por qué su juventud no es capaz de formarse en la creatividad, en pensar distinto, en las humanidades como forma de pensamiento universal, y en las artes. En nuestro caso colombiano y latinoamericano nos tendríamos que hacer las dos preguntas simultáneamente, razón de más para reflexionar sobre la real capacidad “innovadora” de nuestro sistema educativo para formar a esos potenciales nuevos emprendedores del futuro.

Aquí queda parte de la responsabilidad que tenemos todos para avanzar en serio en el tema de la innovación y convertir una frase bonita en estrategias que realmente sean capaces de lograrla.

De postre

Quién entiende a los presidentes saliente y entrante de la Andi hablando, a la salida de Palacio, del brillo de la economía colombiana de hoy, incluyendo el desempeño de la industria. ¿Será que no se han dado cuenta de que la industria colombiana está en el peor momento de crecimiento en buena parte de su historia? A este paso habrá que creerles a quienes por el contrario hablan de un serio proceso de desindustrialización en el país. Las cifras no mienten, los hechos son tozudos y los últimos meses han sido de retroceso y no de crecimiento para una industria que espera medidas estructurales y de fondo, pero sobre todo claridad en su dirigencia gremial.

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