Por: Mauricio Botero Caicedo

¿Innovar sin cambiar?

LA DEFINICIÓN DE LA LOCURA, SEgún Einstein, es continuar haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.

Los octogenarios líderes de Cuba —Fidel, Raúl, y José Ramón Machado (sardino de ochenta años que lleva más de 50 años de “sacamicas” de los hermanos Castro y se ha convertido en el número dos del régimen)—, ¿están totalmente locos? Porque innovar sin cambiar, que en esencia es lo que pretenden los Castro y Machado, es una manifiesta demostración de locura o demencia senil. Los hermanos Castro, según Carlos Alberto Montaner, “son personajes absolutamente mesiánicos, sin vestigios de prudencia ni sentido del límite, y que tienen una visión delirante de la historia y de la realidad política planetaria”. Es decir, el Partido Comunista Cubano reitera que su misión principal es “defender, preservar y proseguir perfeccionando el socialismo, y no permitir jamás el regreso del régimen capitalista”. En otras palabras, lo que esta recua de desubicados pretende, además de encontrar la cuadratura del círculo, es sacar a los 11 millones de cubanos de la miseria en la cual los han colocado durante los últimos 50 años, sin modificar de manera sustancial el modelo económico y social que los llevó allí en primer lugar. Si esto no es la definición de la locura de Einstein, ¿cuál es?

Cuba, como lo reseñábamos en un anterior artículo, probablemente es el mayor ejemplo del fracaso político, económico y social del comunismo. Los hermanos Castro convirtieron a Cuba en una nación empobrecida, hambreada, y sin esperanzas. En sus épocas de gloria Cuba tuvo 156 ingenios que producían 8,1 millones de toneladas de azúcar. Hoy, 44 factorías no llegan al millón de toneladas, reconociendo oficialmente el Gobierno que están en los mismos niveles que en 1905. Es decir, el comunismo ha hecho retroceder a los cubanos 105 años. Cuba, que a principios del siglo pasado era autosuficiente, hoy tiene que importar el 80% de sus necesidades alimentarias y la isla no genera divisas para cubrir sus necesidades básicas. Dependiendo en parte de la caridad de Chávez para sobrevivir, los Castro convirtieron la isla en una sociedad mendicante.

El problema de fondo es que los verdaderos cambios que necesita Cuba son un anatema tanto para el Partido Comunista, como para el ejército de burócratas enquistados en el poder. Pretender que las kafkianas regulaciones, los rígidos controles estatales y el inquisidor entramado estatal van a ser desmontados en aras de una mayor eficiencia de la economía, es de una ingenuidad rayana en la demencia. En Cuba la libertad de información sigue siendo coartada y el acceso a internet limitado a la “nomenclatura”. Las reformas introducidas por los Castro y Machado, más que timoratas y superficiales, no atacan el problema de fondo: el fracaso absoluto y la  total inoperancia del modelo comunista.

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Apostilla: La justicia en Colombia no funciona: un juez, cometiendo un atropello jurídico y moral, ha privado de libertad sin antes estar condenados a tres antiguos funcionarios del Ministerio de Agricultura. Ese tipo de medidas se aplica casi exclusivamente cuando alguien representa un peligro para la sociedad y como este no es el caso, el juez ha cometido un abuso judicial que debe ser investigado. En el otro lado de la moneda, un juez de menores de Bucaramanga, con base en una tutela, pone en la calle a Chucho, un reconocido terrorista de las Farc. En este país del Sagrado Corazón a los funcionarios que cometen errores y que no son una amenaza para la sociedad los guardan en la cárcel; ¡y a los terroristas que una y mil veces han demostrado ser una amenaza los ponen en la calle!

(Nota: por razones de vacaciones del autor, esta columna dejará de aparecer durante las próximas tres semanas)

 

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