Por: José Fernando Isaza

Inquietudes

Hace unos meses el país se vio enfrentado a un movimiento de “prestación anormal de servicio” por parte de los guardianes de las cárceles.

No se llamó “paro” o “huelga”, pues en teoría, como el servicio es fundamental, la ley no autoriza cese de actividades; la ley no dice nada sobre otro punto, la dificultad de negociar con un sindicato armado. Este no es el único sindicato armado. El eufemismo que se emplea para referirse a la anormalidad laboral es trabajo bajo “operación-reglamento”, antes llamada “operación tortuga”.

Cuando los pilotos realizan protestas laborales, tampoco se van a paro, trabajan cumpliendo el reglamento. La inconsistencia salta a la vista: cuando el trabajo es normal se estaría incumpliendo el reglamento y si es anormal se cumple el reglamento. No son muchas las instituciones que, después de un conflicto laboral, durante el cual, teóricamente, se observan los reglamentos, no toman la decisión obvia de ajustar las normas y procedimientos a la realidad. Así la normalidad signifique cumplir las directrices y la anormalidad no ajustarse a ellas. Es por lo menos asustador para un pasajero de una línea aérea, que está operando en armonía laboral, pensar que los pilotos los mecánicos no están cumpliendo los protocolos y reglamentos de seguridad

Ante la posible ocurrencia del fenómeno del Niño (50% de probabilidad, pero de ocurrir será de baja o media intensidad) unas ciudades pueden tener dificultades en el suministro de agua. Esto si las fuentes que abastecen los acueductos o los embalses caen por debajo de los niveles operativos. En estos casos ,con razón, las autoridades hacen llamados al consumo responsable, y anuncian sanciones económicas si en los hogares se consume por encima de los parámetros fijados. Pero es innecesario, y crea señales de desconfianza del ciudadano ante la autoridad, que esta norma se aplique indiscriminadamente e inconsistentemente. Un ejemplo, en Barranquilla el río Magdalena surte el acueducto: el caudal promedio es de 7.200 m³/seg, más de mil veces el consumo del acueducto, ¿que objeto tiene, fuera de la natural tendencia de las autoridades a mortificar al ciudadano, proponer racionamiento en Barranquilla? Si hay problemas en el servicio, no es por restricción de la fuente de abastecimiento.

Coincidente con grandes precipitaciones lluviosas en Bogotá, se oía a altos funcionarios clamar por sanciones a quienes se demoraran más en la ducha, o quienes soltaran los sanitarios antes de que el olor hiciera invivible la vivienda. Estas medidas tuvieron sentido y fueron exitosas cuando fallaron los túneles de Chingaza y Bogotá se vio abocada a surtirse solo de los acueductos de Tibitó y Vitelma, que son insuficientes. Es bueno recordar que la fuente del acueducto de Chingaza está en la vertiente del Orinoco. El efecto del fenómeno del Niño en la cuenca oriental es diferente al de las cuencas del Magdalena, Cauca y el Caribe, ¿entonces para que molestar innecesariamente? La teoría de la previsión es aceptable, y es conveniente que los entes reguladores monitoreen los riesgos, pero no exagerarlos, y mucho menos crearlos innecesariamente; la falta de rigor y consistencia por parte de las autoridades lleva a acentuar la desconfianza ciudadana con quienes gobiernan.

 

 

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