Por: Aura Lucía Mera

Insisto

Sí, insisto en el tema. Más aun, deberíamos salir a las calles todos los colombianos, de todas las tendencias: hetero, mono, bi, trans, etc., para protestar contra la Universidad del Opus, contra El Colombiano que expulsó al periodista que se atrevió a citar la Biblia, contra las iglesias “estrechas” pero ávidas de dinero, contra las vivianes y otras yerbas, el procurador y sus áulicos.

Salir a las calles para protestar contra esta jauría de, ellos sí, enfermos mentales, que pretenden impedir a toda costa la aceptación del derecho a la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo. No podemos tolerar que unos cuantos homofóbicos, reprimidos, fanáticos religiosos, gobernantes cavernícolas, pretendan impedir un derecho fundamental de los niños: ser criados con amor en un ambiente estable donde imperen el respeto y el diálogo. Donde tengan la posibilidad de educarse y convertirse en adultos de bien, y no seguir viviendo como ratas, víctimas de violaciones, promiscuidad, golpes, maltrato en todas las formas cuando no son degollados o tirados a los basureros por sus padres biológicos.

Repito lo que afirmé en mi columna anterior: toda la violencia intrafamiliar y los abusos y abandono a los niños se gestan en hogares “hetero”. Para parir se necesitan dos: un espermatozoide veloz, aunque esté borracho, y un óvulo fecundado a la fuerza la mayoría de las veces. O consecuencia de un calentamiento de hormonas en un momento determinado. Llámese potrero, sanitario, motel o barranco. Da igual.

Bebés que aterrizan en este planeta sin ser deseados. Sin tener quien los quiera o alimente, sin posibilidades de una infancia normal, mucho menos de un futuro digno.

No cabe en ninguna cabeza normal negarles esta posibilidad a adultos que llevan una relación estable y quieran compartirla con otros seres que no tienen más que dolor, hambre, mocos, mugre y abandono.

Los primeros que deberían apoyar y promover esta marcha deberían ser Bienestar Familiar y todas las instituciones que recogen niños abandonados y muchas veces ni siquiera pueden recibirlos porque no tienen posibilidad física de acogida.

El origen de esta aberración se centra en el machismo salvaje que impera en todo el territorio colombiano y tiene su paraíso precisamente en la población más pobre y vulnerable. No juzgo a las madres, convertidas en mamás a la fuerza, fruto ellas mismas de las continuas violaciones de sus machos de turno. Machos que se largan. Que no responden. Que, y me perdonan la expresión, se sacuden y siguen buscando en otra vagina cómo “desfogar” su hombría.

Deberíamos aprovechar la marcha del 8 de marzo, la de Mockus. La condenada de antemano por la ultraderecha con derecho a pernada. El derecho a la vida es sagrado y el derecho de los niños a recibir amor y educación también. Ya sean adoptados por parejas hetero o del mismo sexo.

Guardemos la indiferencia y enterremos la gazmoñería. ¡No podemos ser cómplices del abandono infantil!

PD. Vergüenza le debería dar a Clara López el desaire a Francisco Santos. ¡La intolerancia y la grosería parecen ser el común denominador de la política actual!

 

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