Por: José Manuel Restrepo

“Institucionalidad cafetera, a competir”

Tal como lo demuestran las cifras, en los últimos 20 años Colombia ha perdido de forma continua participación en el mercado mundial del café, al pasar del 18% en 1995 al 8% en 2014.

Enhorabuena la Misión Cafetera desnudó problemas y razones asociados con lo anterior, como el aumento en los costos de producción, la rigidez en el modelo institucional (que se mantuvo intacto aun después de abandonar el Pacto Cafetero mundial), ineficiencias en el modelo institucional (llámese Federación-Gobierno a través del Fondo Nacional del Café), la excesiva dependencia del gremio de los recursos del Estado y el conflicto de intereses y la poca transparencia en la institucionalidad cafetera en la que se confunden roles de competidor y regulador del mercado interno del café.
 
El crecimiento del país y la formalización laboral sin duda han elevado el costo de la mano de obra en Colombia, que es el principal costo de producción de los cafeteros. Sin embargo, ayudas directas como el Programa de Protección al Ingreso Cafetero (PIC), vigente en 2013 y 2014, no induce mejoras en la competitividad, al no estar atado a incentivos para que los productores realicen algún tipo de práctica que eleve la productividad, y por lo tanto no mejoran la situación a la que se enfrentan los caficultores. Por el contrario, causan mayores distorsiones al sector, ya que la mayoría de los recursos dispuestos por el Gobierno terminan en las arcas de caficultores que no necesitan ese tipo de apoyos.
 
En lugar de seguir “botando subsidios”, lo que el Gobierno debe hacer para apoyar el sector es impulsar la competitividad. Si va a haber subsidios, es mejor concentrarlos en actividades como investigación y desarrollo. Esta generación de nuevo conocimiento aplicado es la clave para generar un mayor valor agregado que les permita a los caficultores mejorar su nivel de ingresos, pues dado nuestro tipo mayoritario de caficultura (de ladera) y las actuales regulaciones, muchos de los esfuerzos por reducir costos serán en vano.
 
Para lograr un ambiente competitivo se requiere además una separación clara entre el gremio y el Estado. Este último debe proveer mejores condiciones al caficultor en educación, salud, vías, entre otras, que tradicionalmente habían asumido los cafeteros en sus regiones. El Gobierno debe retirarse del Comité Nacional de Cafeteros, pues la política gremial no le concierne y al final de cuentas termina comprometido con las decisiones que allí se toman. Y por otra parte, las instituciones cafeteras deben concentrarse exclusivamente en aumentar la competitividad e incrementar la cobertura (hoy un 50% de caficultores han recibido muy poco apoyo de la Federación, según estudios recientes). 
 
Además, la institucionalidad cafetera debe ser más liviana y menos dependiente de los recursos del Estado. En la actualidad hay muchos gastos asociados con comercialización que indirectamente terminan pagando los productores. Una sugerencia es que en el próximo contrato de administración del Fondo Nacional del Café debe darse un gran ajuste en la cuota de administración, ya que su valor es cercano del 50% de la contribución cafetera y en su cálculo se incluye la actividad comercial realizada por la Federación como entidad privada. Con el agravante que según estudios recientes buena parte del destino de los recursos son para actividades que poco tienen que ver con el café. 
 
Otro punto fundamental es la privatización del negocio de comercialización del café. Este es un negocio rentable, pero no se da en igualdad de condiciones entre la Federación y el resto de los exportadores privados. Además, el hecho de que la Federación sea juez y parte en la regulación de exportaciones no permite que haya un entorno competitivo adecuado para el desarrollo de esa actividad. Adicionalmente, el negocio de exportación de café es incierto y riesgoso, y no debe ser el sustento del Fondo Nacional. Conveniente sería trasladar dichos recursos a la Federación con reglas de juego privadas y que conserven valor.
 
Buena parte de estos cambios debiesen darse ahora que se viene sangre nueva a la dirección de la Federación y que el país reclama eficiente inversión, gastos públicos y roles precisos para que nuestros modelos productivos sean realmente competitivos.
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