Por: Arturo Guerrero

Instrucciones contra la polarización

Está diagnosticada con exhaustividad. Se tienen identificados los dos polos: en esta esquina los uribistas, en la otra los castrochavistas. Ninguno se corre un centímetro de su posición. Más que a un cuadrilátero de boxeo, el país se parece al globo terráqueo con los polos norte y sur que por ley física jamás se juntarán.

Es hora de ensayar propuestas para lograr lo imposible. Aquí van:

  • El punto de partida es la verdad. Claro que no hay una sola y que cada bando santifica la suya. Pero existen hechos, fechas, nombres, fallos judiciales, cifras e indicadores de muchos fenómenos, investigaciones de científicos, conceptos internacionales.
  • Cada facción se aplicará a un escrutinio documentado de esos datos. De los propios y de los del adversario. El propósito no es expulsar las emociones del campo de la realidad, sino someterlas al filtro razonado del cerebro.
  • No es necesario someter el listado de argumentos al voto popular. Tampoco al debate en el Congreso. Ni siquiera a los infinitos foros que se anuncian para controvertir sobre los infinitos problemas de la sociedad. En un primer momento este ejercicio de pensamiento se hará en cada casa, cada colegio y universidad, cada hora de almuerzo en el trabajo, cada tertulia de amigotes, cada bar con aguardientes, cada confidencia entre ellas.
  • Es apremiante poner punto final a la garrotera de los paneles de controversia en radio y TV. Patricia Lara en su columna de El Espectador lanzó una alternativa: “Convendría que los espacios de opinión se desmontaran un poco de esos formatos que se han impuesto, en los que se convoca a dos seguidores de un líder y a dos seguidores de otro, para que se agarren en vivo y en directo, muchas veces hablando todos al tiempo, y les den paso a formatos en los que se propicie el análisis de la información, de la coyuntura y de los problemas”.
  • Sería odioso imponer control sobre los tuits y posts energúmenos. En cambio, las respuestas de los inconformes echarían mano de la inteligencia y la poesía. No contestar piedras con más piedras. Aguardar a que baje la cólera de la sangre, coger el bicho entre las manos, soplar una ironía fundamentada.
  • No se trata de que el opositor se voltee hacia el bando contrario. Tampoco de convencerlo de las ideas opuestas. El empeño es establecer en blanco y negro la discrepancia. Que cada flanco purifique su posición y acepte controvertir los motivos clarificados del lobo. Que se erradiquen los juicios prefabricados y las obsesiones pétreas.
  • Una vez puestas en plata blanca las discordancias, los adversarios escupirán las rabias. ¡Cuánto daño han hecho al país los ladridos del otro! ¡Cuánto dolor han hundido las garras! Es preciso identificar con minucia la naturaleza del escarnio. A continuación, sudar un exorcismo.
  • El final: extenuados, los contrincantes tal vez advertirán que se necesitan. Que han librado la lucha en la misma arena en que nacieron, crecieron y se odiaron. No hay otra arena, otro país, otro planeta. Aquí nos apretamos todos. Lo dijo Mockus a propósito de la implementación de la paz, en entrevista a El Colombiano: “Cumplen funciones complementarias los que creen y los que no”.

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