Por: Fernando Araújo Vélez

Instrucciones para un ídolo

Ya sé que no tengo ningún derecho a escribirle estas líneas, pero le quiero aclarar que no sé en realidad cuáles son mis derechos y cuáles no.

Por eso, de antemano, le pido que me excuse si llego a herirlo. Este pequeño manual no es más que una suma de palabras, de consejos, si quiere, para que usted llegue a la posición de ídolo que tanto añora lo más pronto posible. Ídolo de multitudes, ídolo de transeúntes, de mujeres, de niños, de futuras generaciones tal vez. Ídolo. Se nos llena la boca con esa palabrita, ¿no le parece? Y ni siquiera sabemos lo que significa, lo que puede significar para la gente que lo adora, que le cree, que lo venera, que sigue sus pasos y su vida, que lo considera un ejemplo pese a que usted no lo haya buscado.

Pero a todo eso no le ponga usted cuidado. Siga su camino, y si lo prefiere, deje de leer estas líneas. Siga su camino hacia la idolatría, como tantos otros. Olvídese de sus orígenes, de su barrio, de la miseria que vivió, de sus amigos, con los que tal vez robaba por ahí, de sus padres, pero eso sí, recuérdelos en cada entrevista que le hagan, y procure, por todos los medios, que lo entrevisten un día sí y un día también. Y hable de su pasado, de su miserable pasado, y de que si se hizo ídolo fue para comprarle una casa a su mamá. Nada más. Mienta. Aprenda a provocar lástima, que acá la lástima se confunde con el amor. Si puede, guarde unos segundos de silencio antes de responder sobre su vida para que se note que le duele, que todo ha sido difícil, que usted se ganó el título de ídolo con las uñas.

No hable de política. Déjelo para más adelante, cuando le ofrezcan mil millones por decir que usted va a votar por x ó y candidato. Agradezca a Dios, pues Dios está en todas partes y en casi todos. Amarlo y comprender que todo fue Su voluntad lo hará más querible, más idolatrable. Señale hacia el cielo cada dos por tres, y entrecierre los ojos para transmitir misticismo si le preguntan por él. No permita que lo interroguen sobre el conflicto, y afirme que la paz es un anhelo de todos; así, en general, para que nadie interprete que usted está alineado con uno u otro político. Gane millones, haga publicidad, cree una fundación por los niños con hambre, repita que la patria es su bandera y nunca diga lo que en realidad piensa.

 

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