Por: Aura Lucía Mera

Insulto, luego existo

¡Mafioso! ¡Corrupto! ¡Delincuente! ¡Asesino! ¡Psicópata! ¡Bandido! ¡Sicario! ¡Más vos! ¡Marica! ¡Arepera! ¡Cómplice! ¡Desvergonzado! ¡Traidor! ¡Vendepatrias!

No. No estoy haciendo una lista de adjetivos calificativos para ayudar a la Real Academia de la Lengua... Simplemente recuerdo de pequeña cuando mis papás me llevaron arrastrada a meterme al colegio de monjas, porque “la niña se estaba volviendo atea en el colegio bilingüe y seglar”, y lo primero que me preguntó una monjita como disfrazada de Halloween, que olía a agrio y tenía bigote, fue si yo decía malas palabras.

Atascada, me quedé muda. La monjita en cuestión, tratando de ayudarme, me preguntaba insistente: “¿Ha dicho ...uta? ¿...ulo? ¿...arajo? ¿...endejo?”. Hasta que llorando y temblando contesté: “Noooo, ¡pero sí he dicho ...erda!”. Inmediatamente me catalogaron como “una niña grosera que había que vigilar de cerca porque podría ser una mala influencia”.

Como efecto postraumático, me aprendí todas las “malas palabras” y las seguí usando, con la consecuencia de que me tenía que confesar a diario antes de poder comulgar a las siete y media de la mañana. “Sí, padre, volví a decir malas palabras...”, y me quedé así... Esta es la hora en que las sigo usando, además complementadas con otras más sonoras que se me quedaron grabadas en España... comprendida Cataluña, por supuesto.

Sin embargo, me avergüenzo al escuchar la retahíla de insultos que vuelan en el Congreso de la República, que se supone que es el escenario de los honorables padres de la patria, elegidos y pagados por nosotros, el pueblo que vota cada cuatro años. El escenario de los antiguos debates, verdaderas piezas oratorias, sin importar la ideología (antes existían ideas), era una lección de ingenio, polémica y arengas patriotas...

Actualmente, no sé si será debido a que se acabaron las ideas, los líderes se esfumaron, los senadores y representantes son cuasi analfabetas y enmermelados, por no decir en...ierdados, elegidos por “jefes” inescrupulosos que lo único que quieren es aumentar sus cuotas de poder a como dé lugar. Lpero la verdad es que el sagrado recinto se convirtió en una plaza de mercado de arrabal, en la cual el que insulte más y grite más es el que se impone.

Insulto, luego existo. Este es el lema. Y cuando hay quórum, ya el lenguaje es de gallera... parecen gallinas cluecas, cacareando al tiempo, rechiflando, mientras el o la que está de pie en el atril lanza improperios ensordecedores y el “presidente” aúlla que “por favor se modere el lenguaje”.

Vergonzoso. Bochornoso. Nadie lanza una sola idea. Nadie defiende un programa con argumentos. Nadie propone nada decente. Se grita y se insulta. Se amenaza y se miente.

Mientras tanto, siguiendo el ejemplo, los de a pie, los electores, nos mandamos wasaps insultándonos y confrontándonos cada vez más. Se nos olvidó que estamos en un momento crucial que marcará el destino de nuestros descendientes...

Bajemos el tono. Propongamos ideas. Mirémonos de frente. Sí podemos todos unidos trabajar por un futuro en paz. No es a garrotazo limpio, ni desgañitándonos con improperios, como vamos a lograr cambiar el horizonte del país. Por lo pronto, dejemos de insultarnos y soltemos alguna idea. ¡No es mucho pedir!

Posdata. Cómo se dejó meter Caracol TV el embuchado grotesco y ramplón difamando a monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali. ¿Víctima de un montaje amañado? Por favor... ¿Quién está detrás de esto? Qué asco.

Posdata II. El Valle del Cauca pierde a una mujer irrepetible: Rosa Jaluf de Castro. Pionera, como mujer, en el mundo empresarial. Fenalco, Exposhow, Centro de Eventos del Pacífico, entre otros muchos proyectos que le dieron nueva dimensión a la región. Líder carismática, visionaria y generosa. ¡La vamos a extrañar!

 

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