Por: Melba Escobar

La intelectual mesiánica

"No es "El corazón de las tienieblas" sino "El corazón de la oscuridad”. No es “La tierra baldía” sino “El erial”. No es “Esperando a Godot” sino “A la espera de Godot”. Amigos editores, pregúntenme antes de seguir reproduciendo orgullos y prejuicios (en este caso, el título al que se alude está bien traducido)”.

Como dice Ricardo Abdahllah en respuesta a este comentario de Carolina Sanín (al que le quité un par de ejemplos por espacio), respecto al uso del gerundio en “Esperando a Godot”, hay que anotar que el original es en francés, no en inglés, donde el gerundio es tan frecuente como en castellano, luego tiene todo el sentido que el traductor haya querido conservar la misma forma del original. Pero es imposible entrar a disertar con cada una de las afirmaciones que hace Sanín, a quien conozco de hace años y considero casi una amiga, o a veces una amiga, porque en otras ocasiones me causa más miedo que otra cosa su creciente fundamentalismo, su soberbia, su furia ciega contra todo aquel que piensa de manera distinta a la suya: “estúpidos, inmorales, incapaces”, son algunos de los calificativos que usa en su Facebook. Quizá por eso se ha vuelto una costumbre hablar de ella en privado, como si estuviésemos bajo un régimen opresor y quienes opinamos que se te va la mano, que te pasas de violenta, de extrema e intolerante, lo decimos en voz baja, en pequeños círculos.

Sin embargo, empieza uno a ver en blogs, como en el Diablo Viejo donde hace un tiempo escribió Jorge Muñoz Cepeda el texto "No basta con ser mujer" y en redes, a personas que escriben diciendo que esto ya es demasiado, que la bandera del feminismo corre el riesgo de estar teniendo un uso errado, pues a algunos hombres les causa temor ser tachados de machistas, anulados, silenciados por estar en desacuerdo con las afirmaciones de Sanín, así el desacuerdo a menudo nada tenga que ver con el género y sí con el contenido de sus consignas. Y yo prefiero hablar aquí precisamente porque la respeto y la he admirado. Porque doy fe de primera mano de su humor, su lucidez, su inteligencia y su gracia natural. Porque me niego a creer que es tonta, malcriada, chillona, amargada, como he leído y escuchado. Porque aunque me asustan sus verdades irrefutables, me parece una voz necesaria. Por eso pregunto: ¿Por qué no se puede discutir? ¿Por qué alguien recibe, por ejemplo, el apelativo de “pedazo de tocino”, cuando ella considera que no le está dando el trato que se merece? ¿No es eso matoneo? ¿No es eso amedrentar, silenciar? ¿No es ella acaso la misma persona que ha criticado a Daniel Samper Ospina por burlarse de las personas basándose en sus características físicas?

A alguien que calificó como “flojo” uno de sus videos en YouTube le pregunta: “¿Flojo como el esfínter de su mamá, o menos?”. A quienes apoyan las corridas de toros los convoca a que “vayan a que se los coma un travesti bien vergón”. Luego, refiriéndose no sé si a unas elecciones, comenta: “Va ganando ano firme, comezón glande”.

Como tantos otros, Abdahllah fue borrado de la lista por hacerle un comentario crítico. ¿Será que, como él dice, ella quiere tener fans en vez de lectores? ¿Escuchar cumplidos, no opiniones? La verdad, no tengo la respuesta, pues al contrario de Carolina, mis certezas son pocas.

 

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