Por: Weildler Guerra

Intercambio a pesar de la crisis con Venezuela

La historia de nuestras relaciones con Venezuela se ha debatido en el tiempo entre esperanzadores procesos de integración y el surgimiento de crisis intermitentes entre los respectivos gobiernos.

Sin embargo, los habitantes de las heterogéneas zonas de frontera se las han arreglado para reforzar sus nexos económicos y culturales. Paradójicamente, la ya prolongada crisis venezolana ha logrado lo que no había ocurrido a lo largo de sus dos siglos de vida republicana: que los venezolanos migren hacia otros países, y entre ellos uno de los destinos más apetecidos y predecibles por su proximidad geográfica es Colombia.

Ciudadanos del vecino país, algunos de ellos con un alto nivel educativo, se han establecido gradualmente en este territorio y se encuentran felices en él. Si bien algunos podrán afirmar que Colombia no es precisamente un paraíso, es notorio que muchos venezolanos han podido desarrollar actividades de emprendimiento en nuestro país, que van desde negocios de arepas rellenas hasta empresas petroleras. Ello ocurre sin que nadie ponga en riesgo sus derechos de propiedad, cuestione su nacionalidad de origen o lleguen a ser perseguidos por sus convicciones políticas.

En zonas de frontera ya es común observar a numerosas personas del país vecino utilizando nuestros aeropuertos. La pronunciación venezolana en el interior de nuestras aeronaves es tan común como escuchar los diversos acentos de los Andes colombianos y de la región Caribe. Los supermercados colombianos en ciudades de frontera tienen cada día mayor presencia de compradores del vecino país. Las compras van acompañadas de sencillos rituales de familia y de expresiones de alegría por la abundancia de mercaderías que son de difícil obtención en Venezuela. Las redes sociales están llenas de fotografías en la que los compradores posan detrás de gigantescos paquetes de papel higiénico que, al igual que la mayor parte de los productos, para su sorpresa son fabricados en Colombia. Ello contrasta de manera notoria con la versión del gobierno venezolano de que la causa fundamental de que no haya elementos de consumo en ese país es que todos se los llevan ilegalmente a Colombia.

A pesar de los múltiples obstáculos que aún hay que enfrentar, Colombia se apresta a entrar en una era de posconflicto y los venezolanos iniciarán, tarde o temprano, un período de transición hacia la democracia, pues el modelo norcoreano que les sirve de referente no parece ser ni política ni económicamente viable. Es allí en donde las fronteras y los procesos de integración fronteriza volverán a cobrar importancia, pues el fortalecimiento de la vecindad, tanto a nivel nacional como regional, deberá ser una prioridad, y el aumento del intercambio comercial será vital para ambos países. Para que esa cooperación tenga éxito deberá entenderse que nuestra frontera no es homogénea y que, pese a su innegable importancia, ésta no se reduce a Cúcuta. El proceso particular de cada frontera añade elementos propios que implican el reconocimiento de la diversidad necesaria para que la política de fronteras, a la vez que aporte al bienestar nacional, responda a específicas necesidades y aspiraciones regionales.

 

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