Intereses

El apoyo de la izquierda al presidente Santos ha generado un gran debate y también, mucho malestar entre algunos de sus seguidores.

Hace unos meses, Santos y Petro estaban enfrentados por la destitución del alcalde. Hoy, ambos apoyan el proceso de paz.

Es posible que Petro apoye el proceso de paz y la campaña de Santos, calculando que si el ganador de las elecciones del domingo es Zuluaga, la polarización que generaría el próximo gobierno lo favorecería para alcanzar la presidencia después de dejar la alcaldía, en el 2018. Y si no, en un ambiente de reconciliación, un ex guerrillero como él, podría tener más opciones de las que tiene hoy. Es decir, con cualquiera de los dos resultados, Petro, que es un hábil político, podría salir favorecido.

En cambio el presidente asumió un costo entre quienes votaron por él en la primera vuelta y además entre los potenciales votantes de centro, que son los que están en disputa.

No a todos los seguidores de Santos les gusta su cercanía con Petro ni con el Polo Democrático.

Clara López, a quien le fue muy bien como alcalde (e) de Bogotá, hizo una excelente campaña en la cual demostró seriedad y responsabilidad. Su apoyo al proceso de paz y a la campaña del presidente, puede tener la misma interpretación que el apoyo de Petro a Santos, dentro de la franja de votantes de centro y de derecha. Es entendible que el mensaje de Petro y del Polo Democrático, en el sentido de que estos apoyos no son un cheque en blanco al presidente, ni constituyen una alianza programática con la unidad nacional, ni un pacto para entrar a formar parte de un eventual gobierno, se pierdan en medio de la pugnacidad actual y la guerra de rumores falsos.

Para la mayoría de ciudadanos, es posible que no sea tan obvio distinguir entre el apoyo de Petro y del Polo al proceso de paz en medio de una campaña, es decir, distinguir entre una alianza electoral para sacar adelante el proceso de paz, de una alianza entre Santos y la izquierda para gobernar, aun cuando son dos cosas distintas y distantes. Tampoco ayuda al presidente la propuesta reciente de Petro de que los guerrilleros desmovilizados hagan parte del ejército como lo han hecho en otros países. Seguramente, las FFMM, entre quienes causa malestar esa propuesta, no se tragarían ese sapo.

¿Por qué entonces el presidente, decidió promover y realizar esas alianzas?

Tal vez su cálculo político está basado en encuestas que muestren que esa alianza trae votos, sobre todo en Bogotá, donde la campaña del presidente los necesita mucho.

Pero más allá de las consideraciones electorales inmediatas, el debate que se ha planteado responde a un tema de fondo.

¿Qué tan dispuestos estamos los colombianos a hacer acuerdos, pactos y alianzas para lograr la paz? Todos los ejemplos de procesos de paz exitosos en el mundo evidencian que la paz requiere de pactos colectivos, entre todos los estamentos de la sociedad y sin exclusiones, enfocados hacia la reconciliación.

La reconciliación no significa que todos seamos amigos, ni que pensemos igual. Significa asumir un compromiso para resolver las diferencias sin recurrir a la violencia y de manera constructiva.

Las diferencias de opinión son necesarias. Pero la polarización que se ha evidenciado con la campaña electoral, los ataques malintencionados al proceso de paz y las malinterpretaciones sobre los apoyos al mismo, nos muestran que aún estamos lejos de tener disposición para reconciliarnos.

Todos tenemos mucho trabajo por hacer en este tema.
 

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