Por: Antieditorial

Intereses políticos vs. revocatorias

Por Hernán Velandia Palomino

El pretexto de la institucionalidad no debe pasar por encima del sentir popular cuando no es a la institución que se revoca, sino a quien no supo responder con la majestad que le confiere el cargo. Flaco favor le hace a la democracia que el Consejo Nacional Electoral diseñe nueva normatividad para defender a quienes tergiversaron a su favor la dinámica de construcción en campaña de un programa de gobierno con participación de los ciudadanos.

Habrá situaciones que realmente no merecen ser tenidas en cuenta por su tinte partidario, pues no empiezan los burgomaestres a ejercer cuando ya se están retirando los formatos para la recolección de firmas con el propósito de alejarlo del cargo. Esos son los menos, pero a estas alturas del desarrollo administrativo en muchos municipios de Colombia las comunidades que resultaron victoriosas con su candidato están en un proceso de reflexión ante el salto acrobático que dieron sus prioridades para ponerse al servicio de los intereses personales del ahora alcalde.

Y es que durante las campañas quienes prometían ser la voz de las gentes que nunca habían sido escuchadas, una vez elegidos se convierten en el cerebro de la comunidad, pues sólo lo que ellos piensan sirve, y las comunidades son ignoradas.

Para rematar, un grupo mínimo de personas ajenas a las realidades de muchas jurisdicciones municipales cambian las reglas del juego autoproclamándose modernos oráculos que en su poder visionario conocen las circunstancias de desarrollo programático, desconociendo el poder del constituyente primario otorgado por la normatividad nacional vigente para decidir sobre su presente y su futuro social.

Esta actitud deja ver de fondo cómo se manipulan las autoridades electorales por parte de los intereses partidistas, que cuando les conviene reclaman a gritos el valor del constituyente primario y cuando no los beneficia inventan cualquier argucia legal, que no legítima, para ignorarlo.

No en todas las circunstancias el grupo político perdedor obstaculiza la labor del alcalde, pero sí hace seguimiento de las ejecutorias para constatar el cumplimiento del articulado consignado en el Plan de Desarrollo, que en muchas ocasiones tiene una construcción literaria dual, permitiéndole al mandatario de turno aprovechar para manipular las esperanzas ciudadanas a su favor.

Esos salvavidas jurídicos que pretenden lanzarle a tanto alcalde deshonesto, que cree que los recursos del presupuesto municipal son fondos personales de los que puede disponer a su antojo, no permiten que el sueño depurador de los entes de control se pueda concretar, camino a lograr erradicar ese cáncer moderno de la corrupción y permitiéndonos ser un país socialmente responsable.

Felices deben estar quienes supieron ilusionar y motivar con su palabrería a las gentes de municipios, que elección tras elección sueñan con que todos puedan tener una mejor calidad de vida, porque ya las normas les cubren la espalda en futuras investigaciones. Esa actitud funesta motiva a anteriores exalcaldes a repetir mandato, pues si cuando había control ciudadano amplio no pudieron revocarlos, ahora encuentran garantías para retornar con mayor tranquilidad.

[email protected]

Buscar columnista