Por: Cecilia Orozco Tascón

Interlocutores, ¿a cuenta de qué?

HACE UN TIEMPO, UN CRIMINAL DE los que pagan condenas en las prisiones del país se volvió figura de los medios. Tasmania es su alias. Fue un peligroso paramilitar del suroeste antioqueño y produjo un gravísimo enfrentamiento que aún no termina, entre el Poder Ejecutivo y el Judicial. Le bastó echar a rodar una especie contra un magistrado auxiliar de la Corte Suprema, jurista de altísimo prestigio en la rama. Como todo el mundo sabe, acusó a éste de presionarlo para que declarara que Uribe había ordenado cometer un asesinato.

En forma asombrosa, ese cuento llegó por línea directa desde una celda de la cárcel de Itagüí a oídos del propio Jefe de Estado, que lo hizo público de inmediato. El Presidente creyó en la palabra del delincuente sin importar la nula credibilidad que debería de tener, dado su comportamiento antisocial. En cambio le negó el mínimo beneficio de la duda al magistrado. Raro que en el palacio presidencial no se hubieran detenido a pensar siquiera en que Tasmania había sido señalado de ser, entre otros, el autor del secuestro de un primo de Álvaro Uribe para otorgarle el don de la confianza.

Otro paramilitar, condenado a 37 años por su responsabilidad en dos genocidios, mojó prensa hace unas semanas cuando el Primer Mandatario reveló en una entrevista radial que intentaba involucrarlo en la masacre de El Aro, ocurrida en la época en que Uribe era gobernador de Antioquia. Corrió tinta para referirse al nuevo personaje, puesto en el pico de la opinión por cuenta de la categoría que adquirió una vez que el jefe de la Casa de Nariño lo mencionó. Aún no nos hemos enterado cómo supo el Presidente lo que declaró en reserva procesal un “bandido” y por qué le dio carácter de problema de Estado.

Recién acababa de pasar el episodio anterior cuando un desmovilizado del paramilitarismo fue objeto de publicidad masiva. El tipo brotó de la tierra para denunciar en un evento oficial, y ante las cámaras de televisión, que “un hombre” le había ofrecido 200 millones de pesos si vinculaba a Uribe con un grupo paramilitar de Antioquia. El Presidente dialogó por teléfono con quien aparece como ex integrante del bloque bananero de las Auc en Urabá, para agradecerle.

Lo último en este revoltillo de información es la repetición por parte de Uribe de la declaración de un desconocido fotógrafo de Barrancabermeja que afirma estar amenazado por Yidis Medina para que le entregue imágenes de una reunión del entonces candidato presidencial con paramilitares. “Por ahí andan diciendo que están buscando fotos mías…”, dijo en pleno discurso el mandatario.

Lo que verdaderamente sorprende de estas historias imposibles de suceder en otro país, es que seres del submundo más insano de la sociedad puedan obtener, sin más ni más, el rango de interlocutores de quien representa por su cargo la majestad de la República. Que alguien me haga el favor de explicarme a cuenta de qué.

* * *

El Ejecutivo nos despertó ayer con la decisión de sacar del país a las volandas a los que hasta hace unas horas eran los “jefes desmovilizados” más importantes del paramilitarismo, según los trataba con todo miramiento el Comisionado Restrepo para demostrar el éxito de la política de seguridad democrática. ¿No dizque con ellos en la cárcel se había acabado la mitad de los delitos y de las armas en Colombia? ¿Están admitiendo un fracaso rotundo, o intentan acabar con el proceso de la parapolítica por sustracción de materia?

 

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