Por: Nicolás Rodríguez

Intocable

Más allá de si Uribe es o no culpable de lo que se le acusa, es cuando menos preocupante que sus seguidores pretendan seriamente que está por encima de la justicia. En vez de limitarse a lo que se sabe o lo que no del proceso en curso en la Corte Suprema de Justicia, la gran mayoría de sus seguidores optaron por recordarnos lo valioso de sus hazañas para la historia reciente de Colombia.

El propio Uribe puso el tono triste y resignado con su grito de amor a la patria. De ahí para abajo, todo fue agradecimiento a su labor como presidente eterno, con uno que otro sobreactuado. Los alfiles de siempre tomaron la delantera en materia de dramatismo. Otros simplemente optaron por discutir lo que no tiene ninguna relación con lo que se está investigando. Uribe es inocente porque Santrich es culpable. Y así con todo.

Ni siquiera Paloma Valencia o Alfredo Rangel fueron los de resaltar. A la ciudadanía se le sugirió, por ejemplo, “estar alerta”. Por hacerlo tan rápido y bien hecho, a Pachito Santos hasta le tocó echarse para atrás. El ahora embajador en Washington amaneció con dolor de patria, cuestionó a la Corte Suprema y luego se retractó al borrar su trino (o lo retractaron). Como sea, ninguna de estas protestas constituye una jugada en solitario. Las reacciones del ala radical del Centro Democrático en realidad están en el libreto. Hasta para las futuras elecciones resulta provechosa la mala hora del cacique.

Otra cosa diferente se puede decir de las acciones ciudadanas de muchos uribistas: aunque diezmadas en número, ese fervor popular que despierta Uribe es también el origen de su capacidad para intentar someter a la justicia a sus intereses. Aun si es falsa (o de contexto), la monja es un buen ejemplo de lo que está en juego. Parecería más fácil convencerla de renunciar al camino de Dios que sugerirle que crea en las instituciones.

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2019-10-12T00:00:00-05:00

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2019-10-12T05:56:40-05:00

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