Colombia2020 y Rutas del Conflicto lanzan plataforma para seguir el pulso al acuerdo de paz

hace 4 horas
Por: Daniel Pacheco

"Invictus"

EL GOBIERNO COLOMBIANO QUIE- re escribir un nuevo capítulo en la historia narrada por John Carlin, sobre cómo Nelson Mandela convirtió el Mundial de Rugby de 1995 en un vínculo para avanzar hacia la reconciliación de Sudáfrica.

La selección Colombia de fútbol es el vehículo de este gran sueño presidencial. Empezó en 2010, como una promesa electoral para apoyar la clasificación de la selección al Mundial, que el entonces candidato se permitió, según dijo él mismo, en un “golpe de audacia”. Vaya y venga,  cuando de campañas se trata, hay una transacción implícita entre el deseo de cambiar esperanzas por votos, y votos por esperanzas, donde una promesa tan vaporosa termina siendo lícita; y sí, astuta. Incluso un Visionario vería con mejores ojos cambiar un voto por una gol soñado que un voto por un plato de lechona recalentado.

Pero nuestro Mandela criollo no paró ahí. Hace poco menos de un mes, en una publi-ceremonia junto al presidente de Bavaria, Santos le entregó “la bandera de la alegría”, firmada por 250.000 hinchas, a los miembros de la selección. El presidente se puso la camiseta tricolor, se la mandó a poner a Angelino y a Tutina, y declaró: “Una bandera, un país, un equipo”. Ahí se empieza a ver que la buena idea de un J.J. Rendón fue tomando vida propia en las manos de un libretista regular. Hay promesas de campaña que es mejor no intentar cumplir.

En las últimas semanas el asunto se volvió ya multicolor por el delirio deportivo de Santos. Primero en El Salado, y ayer en Corinto, Cauca. Tal vez fue el viento endulzado de esa fértil región, o la necesidad de negar la pesadilla del ataque de las Farc, pero entre sus rechazos a los bombazos insurgentes, el presidente no perdió oportunidad para inyectar fervor patriótico futbolero luego de la victoria contra Bolivia. De nuevo invocó el espíritu de Mandela y de la unidad que sobreviene las dificultades.

Y si bien pocas cosas unen tanto a los colombianos en los bandos más adversos como el amor a la selección —dan fe las propagandas invitando a desmovilizarse durante los partidos—, es difícil ver en la estrategia de Santos cualquier cosa que se asemeje a la mística del equipo sudafricano de rugby.

En su intento Santos parece literalmente un mal negativo del Mandela original. Porque seamos francos, además de un amor profundo e irracional por el onceno colombiano, la selección Colombia carece de una carga política nacional.

Eso seguramente lo va a demostrar el mismo presidente —no quiero ser ave de mal agüero— pero cuando —no lo quiera Dios— la selección pierda ante algún equipo, la unidad nacional del presidente Santos permanecerá intacta.

A diferencia de Mandela, que se jugó todo con su selección, el presiente con la nuestra gana cuando ella gana, y no pierde cuando ella pierda. “Invictus”, a fin y al cabo.

 

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