Por: Columnista invitado

Invictus colombiano

Los dos goles de Falcao aproximan a Colombia al Mundial de Brasil 2014. El grito unánime de celebración invade al país de norte a sur, y nos remite a la película Golpe de estadio, de Sergio Cabrera.

Imaginemos al Palacio de Nariño, a grupos insurgentes y a paramilitares que al gritar gol se olviden por instantes de sus estrategias de guerra para acordar que todos son colombianos. La victoria de Colombia contra Paraguay ocurre después de la enfermedad del presidente Santos, su sinceridad lo humanizó, lo acercó a la población, incrementó su popularidad y dio más credibilidad a su propuesta de proceso de paz.

El cambio rotundo de la política exterior colombiana, el perfil de estadista del mandatario, ha provocado un sentimiento nuevo, una mayor autoestima, una sensación de fe en el presente. Se está quedando atrás la Colombia de mediados de los 90, cuando la promesa de días mejores estaba en el aeropuerto internacional Eldorado, y de la seguridad democrática, cuando la única salida era la militar.

Pensemos en la alquimia del fútbol como instrumento de inserción social en Brasil, ante las heridas de un Haití destruido y utilizado, en el poder del rugby en la África del Sur de Mandela, y ahora creamos en la clasificación de Colombia al Mundial de Brasil, añadida a un sueño de paz de una Colombia dividida por el narcotráfico y sus narco dólares, por intereses políticos, económicos y territoriales de todos las facciones en combate, por miles de desplazados que han sido víctimas del conflicto interno y de una contrarreforma agraria, en áreas ricas en recursos naturales, a bien de la inversión extranjera que ojalá financiara la paz y no las razones para la continuidad de la guerra.

En la magia de Falcao está la posibilidad de participación de Colombia en Brasil, en la inteligencia y habilidad de Santos está la esperanza de un proceso de paz, lo que nos hace recordar la película Invictus y fragmentos del poema que Mandela repetía en la cárcel: “mas allá de este lugar de cólera y lágrimas… la amenaza de los años me encuentra y me encontrará sin miedo. No importa cuán estrecho sea el portal, cuán cargada de castigos la sentencia, soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”.

Ojalá el Invictus colombiano esté en camino: Mundial 2014, proceso de paz en fecha no tan lejana —una Colombia unida ama de su destino—, hacia al fortalecimiento de la democracia política y social.

*Beatriz Miranda

 

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