Por: Marc Hofstetter

Invitación aceptada, señor presidente

Esta semana empieza el trámite legislativo de la ley de financiamiento. La atención de los medios y las redes ha estado enfocada en el IVA. No me voy a centrar en esa parte, que parece abocada al fracaso: ni se extenderá a tantos bienes ni el salto será al 19 % propuesto.

Menos atención han recibido las propuestas sobre impuestos a la renta empresarial y a los dividendos que reciben sus accionistas. En la exposición de motivos, el Gobierno explica que quiere bajar los impuestos sobre la renta empresarial al 30 % argumentando que la tasa colombiana es muy alta, más ahora que muchos países se han movido en la dirección de reducir ese tributo. Que la tasa colombiana es alta es indiscutible. Es tan alta la tarifa colombiana, que si uno toma los 37 países de la OCDE la tarifa a la que quisiera bajarse el Gobierno seguiría siendo la tercera más alta, lejos del promedio, que está por debajo del 24 %.

Infortunadamente, la letra menuda del proyecto aclara que no todos pagarán el 30 %. Hay una lista larga de privilegiados que pagarán menos: las zonas francas seguirán con tarifas especiales, las empresas del sector de economía naranja (donde habrá que montar una absurda burocracia que verifique la autenticidad cromática del contribuyente) y los hoteles (necesitaremos también inspectores que determinen cuáles son moteles, que no clasificaron a la rifa), entre otros, tendrán privilegios especiales. Los privilegios contradicen el espíritu simplificador con el que se justifica la ley. Resulta insólito que el Gobierno esté dispuesto a pagar el costo político de subir el IVA, pero no el de quitar privilegios empresariales. Sin estos, a todas las empresas podría ofrecerles una tarifa de renta empresarial significativamente menor.

Lo que no dice el proyecto es que si bien el impuesto de renta a las empresas es muy alto, el impuesto que pagan sus accionistas por los dividendos recibidos es extremadamente bajo. Para ser precisos, de los 37 países de marras somos el quinto con menor tarifa (y eso que la tarifa del 10 % usada en mis cálculos solo se paga por dividendos por encima de $33 millones).

Al bajar los impuestos corporativos y dejar quietos los ya bajos impuestos a los dividendos, la propuesta les reduce la carga tributaria a los que más ingresos reciben en el país y la tributación conjunta sobre empresas y dividendos de Colombia quedaría aún más abajo de lo que está del promedio de la OCDE.

Asistí a un evento en el que el presidente Duque, al cerrarlo, les pidió a los asistentes contribuir con sus opiniones al debate de la ley y en el que afirmó estar dispuesto a sacrificar capital político para sacar adelante la mejor reforma posible. Invitación aceptada, señor presidente. Le resumo en una frase el mensaje de la columna: bienvenida una reducción de renta a todas las empresas, pero quitando TODOS los tratamientos especiales, nuevos y heredados, sin preferencias cromáticas y empinando a cambio los impuestos a los dividendos. Si le vamos a pedir un sacrificio a la clase media debe haber también uno, más que proporcional, de la alta.

Twitter: @mahofste

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Marc Hofstetter

Calor y aprendizaje

Provincianos

Viento de cola

Universidad pila y Ser Pilo

Vaivenes argentinos