Por: Reinaldo Spitaletta

Irak y la retirada gringa

¿Y quién pagará por los muertos en Irak? ¿Quién por los torturados, por los niños masacrados, por las bibliotecas destruidas, por los desplazados? Estados Unidos, a través del presidente Obama, anunció la retirada de tropas del invadido país, pero, eso sí, dejará en el territorio cincuenta mil soldados, lo cual también abre la posibilidad de otra pregunta: ¿Qué clase de retirada es ésa?

blank_Todo parece indicar que otro de los más aberrantes atropellos de la historia criminal yanqui quedará impune. Ya era hora, por ejemplo, que los tribunales internacionales hubieran llamado a juicio al ex presidente Bush, el mismo que se inventó esa guerra, con argumentos falaces, para invadir una nación soberana y darles a las transnacionales una nueva veta para sus ganancias.

Es frágil la memoria. Tal vez ya no se recuerden los más de quinientos mil muertos iraquíes, la mayoría civiles, arrasados por las tropas norteamericanas. Quizá ya no interese memorar el criminal concepto imperialista de la “guerra preventiva”, mediante el cual Washington montó su farsa sobre Irak, con base en mentiras, ampliadas por los medios de comunicación y que mostraron, además, el papel títere de las Naciones Unidas.

Es posible que ya no estén en la memoria de nadie las violaciones al derecho internacional, cuando en marzo de 2003, los estadounidenses, apoyados por otros países llamados “civilizados”,  invadieron a Irak. La Operación Conmoción y Pavor, que así la denominaron los gringos, iba a durar, según el arrogante Donald Rumsfeld (¿se acuerdan de él?), menos de seis meses. No contaban con la resistencia del pueblo iraquí.

Cuando la invasión a Irak cumplió cinco años, el presidente Bush, en un tono en el que combinaba el cinismo con la crueldad, dijo que la misma había valido la pena. Para él, con certeza, valía la pena haber asesinado tantos habitantes, destruido la infraestructura del país, arrasado ciudades, borrado un pasado riquísimo en historia cultural que se albergaba en las bibliotecas de Bagdad.

Era importantísimo para Bush el haber dejado sin residencia a miles de iraquíes, dañado psicológicamente a mujeres y niños sobrevivientes, desplazado a tantos, en nombre del imperio, que él disfrazaba con las palabras “libertad y democracia”. Para Bush valía la pena, hasta entonces, la “inversión” de más de tres billones de dólares en la guerra. Y como todos sabemos (¿o no?) la guerra es un negocio de enorme lucro. Y aun más en esa zona del mundo rica en petróleo.

Puede que para algunos sea inútil recordar cómo el mundo (y también la ONU) se tragó las engañifas de Bush y sus halcones acerca de las presuntas armas de destrucción masiva que poseía el antiguo aliado de Washington, Sadam Hussein, y sobre la sociedad de éste con Osama Bin Laden. La villanía la patrocinaron, entre otros, Italia, España, Inglaterra, y por estos lados de subdesarrollo la aventura criminal norteamericana la apoyó el entonces presidente colombiano Álvaro Uribe.

Bush, Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz y otros neoconservadores que auparon la invasión, ¿cuándo serán llamados a juicio? ¿Acaso matar tanta gente, torturarla, convertirla en seres miserables, humillados y perseguidos, no es un crimen? ¿No es punible la destrucción de la memoria, cuando se desaparecieron documentos que daban cuenta de testimonios científicos y artísticos de más de cinco mil años?

Quizá ya no se recuerden las gestas heroicas de lo ciudadanos de Falluya, cuya resistencia contra los invasores yanquis sirvió de ejemplo a otros para acrecentar la oposición y elevar el valor para enfrentar a las tropas imperiales. Irak ha vivido en los últimos años bajo un régimen de terror, implantado por los norteamericanos. Y como alguna vez lo dijo un reportero, ese país ha sido destruido por las verdaderas fuerzas del mal de este planeta.

Ah, y habría que recordar que antes de la invasión, ya los Estados Unidos habían decretado un embargo, que causó la muerte de miles de niños y ancianos, por hambre y falta de medicamentos. Todo esto hay que sumarlo al genocidio. Volvamos a la pregunta inicial: ¿quién pagará por tanta barbarie y destrucción?

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Reinaldo Spitaletta

Mermelada con pasabocas

El exorcista a la criolla

Tocaron al “intocable”

Nalgas y otros símbolos de protesta

¿Quién coños es ese tío?