Por: Marcos Peckel

Irán atómico

Definitivamente los astros geopolíticos se les han venido alineando a los ayatolás iraníes en los últimos tiempos.

 Todo comenzó con la desastrosa invasión americana a Irak, que eliminó el balance de poder que significaba Sadam Hussein frente a Irán y dejó un país sumido en una sangrienta guerra étnico-religiosa y un gobierno chiita aliado de Teherán.

Vino luego la Primavera Árabe, que en un comienzo, tras las fraudulenta reelección de Ahmadineyad en 2009, se pensó sería contraria a la República Islámica, pero con el tiempo, especialmente con la guerra en Siria, se volteó para sonreírles a los persas. Irán se la ha jugado a fondo con Al Asad en Siria, enviando a su milicia testaferro libanesa Hizbolá a combatir al lado del dictador, con lo que éste ha estabilizado la guerra y obtenido importantes victorias en el terreno. La presencia de grupos yihadistas, como el frente Al Nusra e ISIS, ha dividido a la oposición y asustado a Occidente. La misma destrucción del arsenal químico sirio juega a favor de Teherán, pues en caso de caer Al Asad no tendría un vecino dotado de ese tipo de armamento y, de prevalecer el presidente alauita, éste dependería más aún de Teherán tras haber destruido su arsenal estratégico.

Con esta superioridad geopolítica frente a sus enemigos regionales, los países del golfo, Turquía e Israel, los ayatolás van por la moñona: un acuerdo con los países del P5+1 sobre su programa nuclear que les permita mantener lo que hasta ahora han logrado: la infraestructura de enriquecimiento de uranio y el derecho a la energía atómica.

A cambio de la reducción o eliminación total del régimen de sanciones que han afectado gravemente la economía del país, especialmente las exportaciones de petróleo y el acceso al sistema financiero internacional, Irán se compromete a no enriquecer uranio más allá de un porcentaje y a colocar su planta de agua pesada bajo supervisión internacional.

La posibilidad de un acuerdo entre Irán y las potencias tiene enemigos en ambos lados. Los radicales en Teherán no están dispuestos a ceder un ápice en el tema nuclear. Al otro lado, Israel y los países del golfo ven con gran preocupación que Irán esté siendo premiado por su “mal comportamiento” y se constituya en una amenaza existencial, especialmente para estos últimos. Los rumores de la adquisición de armas atómicas por parte de Arabia Saudita a Pakistán son sólo una muestra de lo que podría desatar un “mal” acuerdo.

Sin embargo, la sartén por el mango la tienen los ayatolás frente a una administración Obama que parece ansiosa por firmar un acuerdo con el otrora “irreconciliable” enemigo y establecer una nueva realidad geopolítica en la convulsionada región, si el Congreso no se le atraviesa en el camino.

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