Por: Cartas de los lectores

Irresponsabilidad

Las pérdidas de vidas causadas por seres irresponsables que manejan con tragos deben ser penalizadas sin ninguna contemplación y esta debe ser la consecuencia inmediata con motivo de los hechos ocurridos en Bogotá (45 muertes en lo corrido del año) y otras ciudades colombianas...

Estos fatales hechos nos dejan a todos los ciudadanos la más elemental lección de respeto y maneras de llevar nuestra vital existencia y esto es, en síntesis, nunca mezclar licor y gasolina.

El que incurra en este fatal error seguro que no tiene el debido respeto para con las demás personas o individuos y mucho menos por él mismo y la ley, por lo tanto, se lo debe penalizar sin ninguna contemplación.

Si en lo corrido del presente año más de 200 personas han muerto en Colombia en accidentes ocasionados por conductores en estado de embriaguez, la sola lectura de este dato nos debe dar una idea de la gravedad de este delicado problema que bien se puede calificar como catastrófico.

Además, todos debemos tener en cuenta que, según organismos internacionales de salud, las defunciones por accidentes relacionados con el alcohol (choques, atropellamientos y suicidios) ocupan los primeros lugares entre las causas de muerte en muchos países del mundo...

Jorge Giraldo Acevedo. Santa Marta.

Grafitis

Dice su periódico en la edición de internet que estamos a un paso de que se regulen los llamados grafitis en Bogotá, por considerarlos parte de la cultura. Yo, que soy víctima de ellos, creo que es una gran idea.

Vivo en Teusaquillo desde hace años y tengo en la acera de mi casa antigua una larga pared blanca que me sirve para protegerme de la delincuencia que, cada vez más, hace de las suyas en nuestro tradicional rincón bogotano. Vivo feliz con mi muro, hasta que en la mañana salgo a la calle y lo encuentro todo pintorreteado por los tales grafiteros. Y, tozudo que soy, me gasto buena parte de cada quincena en volver a pintarlo y dejarlo decente porque no hay cosa más terrible que llegar a la casa y avergonzarse de su presencia. Pero todo es inútil, los infelices vuelven a pintarlo. Son de matar, gemía con mi bogotanismo hasta hace como un mes, cada vez que volvía a ver mi muro lleno de letras y colores, pero luego de aquel absurdo en el norte de la ciudad, cuando ese policía asustadizo disparó primero y ahora anda armando la historia a ver si cuadra, ya ni eso puedo hacer. Ahora, leyendo la iniciativa, comprendo la máxima aquella de que si no puedes derrotar al enemigo debes unirte a él. Me parece muy bueno que los reglamenten y les pongan a su disposición algunos muros de la ciudad para que se larguen de una vez por todas y me dejen mi muro, y mi quincena, libres de sus porquerías.

Simón Colmenares. Bogotá.

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