Isabel ya tiene quien le escriba

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Pobre Isabel II. A su edad sucederle esto. Seguro que no puede dormir.

Las cosas que hay que ver y que uno creía imposibles. Bolsonaro con la peste y hay festejos y el coronavirus suma adeptos. AMLO, el mexicano ya casi totalmente desinflado, a los abrazos con Trump. Solo le faltó recomendar a todos sus compatriotas y descendientes que viven en EE. UU. (unos 40 millones) que voten a Trump el próximo 3 de noviembre.

Y en este barullo aparece Hebe de Bonafini, líder de las Madres de Plaza de Mayo, recriminándole a la reina Isabel, en términos severos, por el fallo contra Maduro que lo dejó sin el oro. Sin mucho protocolo le estampa:

“En estos días me enteré de que su país, que siempre fue colonialista, decidió robarle al pueblo venezolano los ahorros en oro depositados en bancos ingleses (...) ¿No le parece un abuso de vuestra parte? Ese robo ¿no es un atropello?”.

Así nomás. Como explicarle al lector —y a la reina— quién es Hebe, que deja chiquitos a sus compatriotas Maradona y el papa. Que ella misma, con sus propias palabras, se presente tal cual es.

Cuando el atentado contra las Torres Gemelas, no se guardó opinión: “Por primera vez le pasaron la boleta a Estados Unidos. Yo estaba con mi hija en Cuba y me alegré mucho cuando escuché la noticia. No voy a ser hipócrita con este tema, no me dolió para nada el atentado. Yo me puse contenta”.

Antes de ser papa, cuando Jorge Bergoglio era cardenal en Buenos Aires, lo acusó de ser “cómplice de la dictadura” y lo calificó de “basura” (junto a Macri) y de “fascista”.

Pero ya Francisco I y amigado con Cristina Kirchner, Bonafini se dio cuenta de que, aparte de ser fascista, basura y cómplice de la dictadura, no había sido tan malo. Simpatizaron e intercambiaron mensajes y saludos cariñosos. Hebe —acompañada de su secretaria y su médico personal— viajó a Roma donde tuvo una reunión privada con el sumo pontífice. Francisco no ocultó su estima: “Rezo por vos y por las Madres, pido al señor que te conserve la salud, para que puedas seguir ayudando a tanta gente”, le escribió en una carta personal.

Pensar que Bonafini una vez, cuando Bergoglio era cardenal, irrumpió en la catedral de Buenos Aires y contó que hizo sus necesidades en el altar mayor.

Veamos otras perlas para aquilatar al personaje:

“La presidenta Cristina Fernández de Kirchner tiene mucha democracia y mucha tolerancia, porque otro gobierno los hubiera desalojado a palos y a gases como merecían”.

“¡Váyanse de nuestra plaza, bolitas hijos de puta! ¡Váyanse, bolivianos de mierda!” (lo dijo en el velatorio público en Plaza de Mayo de un boliviano víctima del gatillo fácil).

“Los jueces de la Corte son unos turros que reciben plata por fallar”.

“El Parlamento era nada más que un nido de ratas. Hoy se volvió a abrir y ahí están desde las 10 de la mañana, las ratas con las víboras”.

Y para que el Reino Unido no se sienta tan solo, también le tocó a Francia en su momento. “La Francia colonialista que dejó a miles de pequeños países en la ruina no tiene autoridad moral para hablar de terrorismo criminal, y si no, que les pregunten a los argelinos, a los haitianos y a decenas de sus colonias”.

Con el expresidente Macri nunca se privó y menos en actos públicos donde afirmó: “Cuando alguien no nos guste, hay que decírselo en la cara, compañeros. Hay que decir lo que sentimos, basta de ser democráticos para ser buenitos. Me cago en los buenos, no soy buena… no podemos ser buenitas, no podemos no insultar, no podemos callarnos, no vamos a negociar. Jamás negociaremos con estos asesinos, jamás nos sentaremos en un sillón, ni cerca. Desde que entró al poder, dije que Macri era un dictador y lo sigo repitiendo. Es un reverendo hijo de mil putas y un dictador”.

Y la reina, ¿se habrá enterado de la carta? Porque hace unos días saludó oficialmente al presidente interino Guaidó con motivo de las fechas patrias venezolanas.

¡Qué inconsciente! Qué mala que se va a poner Hebe. Seguro que se le va a escapar alguna palabra fuera de protocolo.

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