Por: Marcos Peckel

Islam contra budismo

No es nueva, sólo que por años ha pasado por debajo del radar de la llamada comunidad internacional y de los grandes medios. La violencia en Myanmar —país de mayoría budista— contra la minoría musulmana rohinyá completa más de medio siglo, durante el cual este grupo ha sufrido los más indescriptibles vejámenes producto de la intolerancia religiosa.

Matanzas, quema de aldeas, destrucción de mezquitas, violaciones y demás atropellos en la provincia de Rakhine los encabezan monjes budistas, aquellos que en Occidente son asociados a una existencia pacífica, asceta y armoniosa con la naturaleza. ¿Qué motiva a estos monjes a desencadenar una guerra contra una población paupérrima e indefensa cuyo “único pecado” es profesar la fe musulmana?

El budismo, al igual que las grandes confesiones religiosas en el mundo, se expandió de la mano de la política, de su humilde origen en el norte de la India hacia el siglo VI a.C. se propagó hacia los cuatro puntos cardinales, principalmente por la conversión de reyes y jefes tribales que la impusieron a sus súbditos. En su mayor apogeo, el sudeste asiático, provincias enteras en China y Japón, Sri Lanka y el Tíbet tuvieron presencia dominante del budismo, religión no teísta. En India, el budismo prácticamente desapareció absorbido por el hinduismo.

Donde la historia dejó su más marcada huella fue en Indonesia y Malasia, países que tuvieron mayoría budista hasta la llegada del islam hacia el siglo XIII, cuando comenzó un proceso de islamización impulsado por la conversión de realeza y comerciantes de estos dos países del sudeste asiático, hoy musulmanes en su gran mayoría. Monjes y civiles budistas con los que tuvimos la ocasión de conversar en Myanmar se consideran la “última línea de defensa del budismo contra el avance del islam”, lo que explica la violencia contra los rohinyá y la actitud pasiva del gobierno de la nobel de paz Aung San Suu Kyi, so pena de perder el apoyo de amplios sectores de la población para quienes los musulmanes son ajenos al tejido social y representan una amenaza a la identidad budista de la nación.

En Sri Lanka, el budismo reina y, tras la aniquilación en 2009 de la insurgencia hinduista al norte del país, la minoría musulmana — apenas un 10 %— se ha convertido en objetivo de políticas discriminatorias por parte del gobierno budista singalés.

En la Tailandia budista, la creciente presencia musulmana en algunas regiones es motivo de preocupación en círculos gubernamentales y militares.

El budismo, al igual que sus contrapartes cristiana y musulmana, predica la paz, pero la realidad es más compleja; la defensa de la fe justifica los medios y la violencia religiosa ha sido parte intrínseca de su historia. En un planeta en el que arrecian las guerras religiosas, budismo contra islam es sólo una más en esa amplia galería de Dios contra Dios.

 

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