Iván D. no futuro

Noticias destacadas de Opinión

Regresaron los días difíciles. Tal vez nunca se fueron y lo que sucedió es que empeoraron tremendamente. Cuando la pandemia empezó, el país ya había perdido su rumbo o, mejor, se había perdido más, y ahora se encuentra completamente extraviado. El inexistente Gobierno pensó que la pandemia lo salvaría o, al menos, que ocultaría su ineptitud y desconexión con la realidad; sin embargo, lo que hizo fue evidenciarlas con crudeza. Admito que pensé que la pandemia nos cambiaría y así fue, logró remover los velos que cubrían la verdad y brindaban una sensación de que las cosas no estaban tan mal, nos dejó expuestos a la realidad en carne viva.

¿Por dónde empezar? ¿Habrá algo más grave que confirmar que nos volvimos más pobres? Hoy, 21 millones de colombianos viven en condiciones de pobreza, desprotegidos, mal alimentados, sin trabajo y sin apoyo del Estado. Una cifra escandalosa que nos muestra que los más perjudicados son los niños, los jóvenes y las mujeres: maltratados, desnutridos, sin educación y sin trabajo. Volvimos a los años 30, cuando las mujeres y los niños no eran considerados ciudadanos, y sin ser especialista en el tema, no me cabe duda de que ese es un signo claro de subdesarrollo.

Es justamente en esta situación que un Gobierno incapaz, impensablemente peor que los anteriores, sin liderazgo, mediocre y completamente desconectado de la realidad decide presentar una reforma tributaria sin ninguna pedagogía, a sangre fría, creyendo que tiene todo el apoyo político y ciudadano para pasarla. ¿Era necesaria? Probablemente sí. El país está pasando por la peor crisis económica del último siglo, pero salir de manera arrogante y obligar a la gente a aceptarla es tal vez uno de los actos más estúpidos que he visto de este Gobierno, y esa competencia es dura.

La oposición a la reforma no fue a la propuesta misma (seguro tenía cosas valiosas), sino a lo que significa. La mayoría de los colombianos sufren, pasan hambre, perdieron o nunca lograron tener un trabajo digno; cientos de empresas quebraron y las que no, agonizan. Para rematar, por primera vez desde que comenzó la pandemia estamos enterrando 500 muertos diarios por COVID-19. La gente ya no tiene mucho que perder, ya ni el virus asusta. Mientras tanto, el ausente y ahora exministro Carrasquilla decidió, sin mayor explicación, proponer un aumento de los impuestos. Imposible estar más alejado de la realidad. Ante el ejercicio del derecho constitucional a protestar, el responsable de este Gobierno da la orden por Twitter de reprimir el descontento con las armas y al día siguiente el país amanece con 35 muertos (según Human Rights Watch).

En los años 90, cuando Colombia se sumía en la violencia, yo no tenía la edad para entender el horrible mundo en que vivíamos. Ahora, tristemente sí. Si algo me ha dejado claro la pandemia es que el país no pertenece a ese mundo en el que la gente vive bien. Antes de esta crisis, algunos pensábamos con ingenuidad que nos estábamos acercando a él. Sin embargo, una vez se levantaron los velos, se agudizaron los problemas y las desigualdades, se evidenció que los niños y jóvenes son irrelevantes, que las mujeres no importan y que nuestros gobiernos siempre han mandado en una realidad paralela (siendo este el que la sacó del estadio). No sé si Colombia es un país inviable, lo que no cabe duda es que, como vamos, es un país sin futuro.

Comparte en redes: