Por: Óscar Sevillano

Iván Duque debería renunciar

Cuando, en una reunión en la brigada castrense de Carepa, el entonces presidente Álvaro Uribe se enteró de la presencia de la insurgencia en una zona rural cercana y de la desatención de las fuerzas militares a un llamado de la población, no dudó en pronunciar un fuerte llamado a las fuerzas militares y de policías allí presentes, que quedó en el recuerdo de los colombianos:

“Daría la impresión de que los que viven en el otro mundo no son los guerrilleros, sino nosotros. Aquí no hay más que ponernos las pilas y definir si somos capaces o no. Si somos capaces, sigamos con esta responsabilidad, si no, renunciemos a ella, pero esto es en serio”, dijo Uribe en ese momento.

Esta frase le viene como anillo al dedo al presidente Iván Duque, porque da la impresión de que, en la actualidad, quienes viven en otro mundo no son los guerrilleros del Eln ni ninguna de las actuales expresiones de la criminalidad y del narcotráfico en Colombia, sino el primer mandatario y todo su equipo de Gobierno, que en 17 meses de presidencia no se ha puesto las pilas y tampoco ha definido si es capaz de continuar con la responsabilidad que asumió el 7 de agosto de 2018 o de renunciar a ella y, mucho menos, de tomarse en serio su papel como jefe de Estado.

No voté por Duque porque consideré que es demasiado pequeño para asumir una responsabilidad tan grande como el manejo de un país y porque era claro que no estaba preparado para ello. Sus únicas experiencias en lo público se limitaban a su paso como asesor de Juan Manuel Santos en el Ministerio de Hacienda durante la presidencia de Andrés Pastrana y como senador de la República,  pare de contar.

Como están las cosas hoy, no me equivoqué votando en blanco, porque si la opción de Duque no era buena, la opción de votar por Petro era mucho peor. Pero en fin, dado que la campaña presidencial ya pasó y hoy el primer mandatario es el que dijo Uribe, no queda más que exigirle resultados a quien se supone dirige el país.

Y digo se supone porque Duque en 17 meses de mandato no ha producido ningún resultado que sea propio de su gestión como presidente de la República. Los éxitos de los que tanto se ufana, por ejemplo, en reducción de secuestros y actos violentos, corresponden a la implementación del proceso de paz y esto, vale la pena recordar, pertenece al Gobierno de Juan Manuel Santos del que tanto despotricó cuando fue senador.

A Duque no le han bastado 17 meses de gobierno para darse cuenta de que debe hacer todo lo posible para evitar que la ilegalidad retome los municipios y veredas que fueron controladas por las Farc, con el fin de que la violencia amenace la tranquilidad de sus habitantes, como está sucediendo en el departamento del Chocó, por ejemplo, específicamente en Bojayá.

Tampoco le han bastado 17 meses para darse cuenta de que la sociedad de hoy día vive en un constante cambio y que él, como primer mandatario, debe ir dos pasos adelante, porque la gente no traga entero y los inconformismos en algún momento se van a demostrar, como sucedió el pasado 21 de noviembre, cuando por primera vez en nuestro país un presidente de la República escuchó el sonido de la cacerola.

Diecisiete meses de gobierno no han servido para que Iván Duque entienda las preocupaciones de la sociedad en Colombia y en el mundo entero por el cuidado con el medio ambiente. La mejor prueba de su desconexión es la expedición de los decretos que autorizan el uso del glifosato y el fracking. Cuidar de los ríos, lagos, lagunas, páramos, selva y toda la fauna que habita en estos sistemas ecológicos no es una cuestión de izquierda ni muchos menos un acto de debilidad. Es un tema de sentido común, del que por lo visto el presidente carece.

Y, por lo que veo, 17 meses de gobierno tampoco han servido para que Iván Duque conozca esa Colombia profunda que pide a grito entero ser escuchada, pero no a través de una plataforma virtual, sino de cuerpo presente y oído abierto, sin libretos y sin que medie un asesor presidencial o ministro, queriendo escribir los diálogos de quienes desean conversar con el primer mandatario. Este remedo de intercambio de opiniones no es el que quiere el país, puede que sea el que quieren en Palacio de Nariño, pero no los colombianos del común.

Insisto, si el primer mandatario no ha pensado en la posibilidad de conectarse con el país y aterrizar en esa Colombia profunda, debería entonces considerar la posibilidad de renunciar al cargo, lo mismo que su vicepresidenta y sus ministros, y dejarle el lugar a una persona, no importa que sea de su partido, pero que sí se de a la tarea de entender lo que quiere la población en todos los territorios del país, y trabajar por ello.

Piénselo, presidente Duque, el país entero va a quedar inmensamente agradecido. Le aseguro que a partir de su renuncia puede hacer un buen trabajo por Colombia… como expresidente.

@sevillanoscar

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