Por: Armando Montenegro

James, lejos de sus pretendientes

James Rodríguez, el niño prodigio del fútbol, la alegría y la esperanza de los colombianos, no pudo aceptar a ninguno de sus pretendientes y, condenado a una fría banca madrileña, verá cómo se le escapan los mejores años de su vida profesional.

Después de su participación en el Mundial de Brasil y su espectacular debut en el Real Madrid, su triste situación actual se puede ver como una versión greco-quimbaya o greco-quillacinga del ascenso y la muerte de Ícaro, el personaje que pudo y quiso volar muy alto, pero terminó cayendo al mar. Una trayectoria a la que infortunadamente se ajustan las historias de otros deportistas colombianos, grandes promesas que brillaron breve e intensamente, que pudieron ascender a los cielos, pero que pronto desaparecieron de la escena: Camilo Villegas, Juan Pablo Montoya y, en cierta forma, el talentoso Faustino Asprilla.

Quienes consideran que quizás James no ha sabido adaptarse al entorno, entender el contexto en el que se mueve y tomar las decisiones correctas podrían pensar, tal vez en tono de telenovela, que su caso recuerda el de algunas bellas de antaño, quienes, asediadas por pretendientes numerosos, al final, contra todo pronóstico, se quedaban solteras o si llegaban al matrimonio lo hacían en forma tardía y con alguna de las peores opciones, claro, según los estrechos cánones de entonces. Este desenlace se producía porque, de acuerdo con las normas y costumbres de la época, sus padres, o ellas mismas, evitaban el compromiso, coqueteaban aquí y allá, dilataban las decisiones, siempre a la espera de cada vez mejores propuestas y, de esta forma, hacían que el tiempo pasara hasta cuando su belleza o la paciencia de los mejores pretendientes se extinguía (este era uno de los fundamentos del proverbio que decía que “la suerte de la fea la bonita la desea”). Alguien dirá que esto es lo que explica que Juan Guillermo Cuadrado, un buen futbolista, pero menos estelar, genial y mediático que James, también menos exigente y más conforme, haya tomado sus oportunidades y podido hacer una carrera estable como titular de la Juventus, algo que no ha logrado nuestro héroe de Cúcuta.

Desde un punto de vista completamente diferente, salió a terciar en este debate el propio exvicepresidente de la República Humberto de la Calle. Al igual que los caballeros andantes, en trance de combatir las injusticias de este mundo, enfiló sus lanzas contra la figura que obstinadamente le cierra los caminos a James e impide que los pretendientes italianos y españoles, a estas alturas clubes de menor categoría, accedan a sus favores y talentos. El villano, por supuesto, es Zinedine Zidane, el entrenador del Real Madrid, malqueriente reconocido de nuestro futbolista. Al retenerlo y dejarlo en la banca, sin jugar, su equipo, ahora dueño de su destino, lo confina en una especie de mazmorra donde, con el tiempo, se agotarán sus enormes talentos y sus posibilidades de triunfar en los mejores torneos (esto es, después de todo, lo que pasaba en tantas historias de caballería y lo que hacían las brujas y madrastras con las princesas cuya vida se arruinaba por la maldad, la envidia y el odio). La pregunta es si, de alguna manera, la carrera de James tendrá, como en esas historias y en tantos cuentos infantiles, pero solo en pocos casos en la vida real de los adultos, un feliz final.

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2019-08-18T00:00:43-05:00

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2019-08-18T00:15:01-05:00

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