Por: Antonio Casale

James y Ancelotti

Que se vaya de la empresa el jefe que lo contrató a uno dos meses atrás no es una buena noticia. El que llegue, conocedor de que su misión es cambiar lo que encontró porque no está funcionando, esperará de James mucho más que Ancelotti para tenerlo en cuenta.

Exjugadores con poder dentro del cuadro directivo del equipo bávaro, como Rummenigge y Beckenbauer, han sido críticos de los procesos de Guardiola y Ancelotti. Para ellos, ese sabor latino no corresponde a la tradición de los panzers alemanes, que han llevado el club a lo más alto del fútbol mundial en repetidas ocasiones.

La tradición indica que los mejores Bayern de la historia han sido disciplinados tácticamente, equilibrados, difíciles de atacar y contundentes a la ofensiva. Muy atléticos si se quiere. La practicidad ha hecho parte de su ADN histórico. Pocos toques y contundencia son los requisitos que Guardiola y Ancelotti no cumplieron. El primero porque quiso imponer su tiki-taka, sin mucho éxito para el paladar de los hinchas, y el segundo porque su paternalismo permisivo con los jugadores de ataque logró construir un equipo alegre pero desequilibrado.

Los dos ganaron todo en Alemania, algo que es rutinario para el Bayern. Quedaron en deuda en la Champions, algo normal dado que las diferencias entre los bávaros y los ingleses o los dos grandes de España en cuanto a nómina son cada vez más amplias. Pero, bajo las mismas condiciones, Heynckes logró la Orejona hace no mucho tiempo. Esa es la razón por la que piden el regreso a la tradición.

Quien llegue al banco del Bayern —al momento de escribir esta columna no se había oficializado su nombre— seguro cubrirá esos requisitos. Lo primero que hará será poner dos volantes de marca netos para ganar en equilibrio. Esto supone liberar a Vidal de esas labores para darles cabida a Tolisso y Thiago como pareja. Dando por descontado que en punta estará Lewandowsky, quedarán tres puestos en la medio ofensiva para ser disputados por cinco jugadores. James, Robben, Muller, Ribéry, Coman y el propio Vidal tendrán que luchar por esos puestos.

Con la llegada de un nuevo jefe, James ya no será la apuesta ganadora que era con Carletto. Estará al nivel de los anteriormente citados. Para ganarse un lugar tendrá que trabajar mucho táctica, física y mentalmente. Con su innegable talento no será suficiente.

Pero al mismo tiempo será una gran oportunidad para aprender y demostrar de qué está hecho. Las condiciones para el 10 de Colombia cambiaron el jueves, pero sus capacidades son las mismas. Tiene todo para afianzarse a la disciplina teutona en todos los aspectos del juego que le impondrá el nuevo entrenador.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Antonio Casale

Chau, Rusia

Balón de oro mundialista

Croacia sabe sufrir

Espejo ganador

Wimbledon, Mundial y TV