Por: Hernán Peláez Restrepo

Jamesmanía

Está de moda. Por sus cinco goles, por la magia en definición, como la estupenda media vuelta con la que venció a Muslera, por la frescura de su juego y porque se apropió de la generación de juego de la selección.

Porque cuando ingresó en un partido por Quintero todo cambió a favor del equipo. Porque esta selección nuestra consiguió ser equipo, ya no solamente el conglomerado de los mejores para el plan de Pékerman. Ahí radica la gran diferencia con las otras selecciones que apenas están en la etapa de acoplamiento.

Para mí y muchos colombianos seguirá siendo James, mientras los corresponsales de prensa deportiva en Europa lo pronuncien en Inglés.

James, cuya cotización, dicen los afanados y desesperados empresarios, está ya en 35 millones de euros, dio pistas sobre su futuro al señalar su inclinación por ser jugador en algún momento del Real Madrid. Quizás la posibilidad, cierta del paso de Falcao a los merengues esté alimentando esa ilusión. Porque volvería a encontrarse con él y se sentiría en familia futbolera.

Su próximo examen, porque el fútbol es así y todos los ojos de observadores lo seguirán, es frente a Brasil, que tiene modificaciones obligatorias. La suspensión de Luis Gustavo ofrece una baraja de posibilidades. Puede ser, llevar a David Luis a ese puesto, donde ya ha jugado, o dar ingreso bien a Ramírez o Hernanes. Si David Luis deja su habitual puesto, ingresaría Dante, un aparatoso defensa del Bayern. No tendría problema el técnico, porque siempre una sólida pareja de zagueros centrales se puede organizar con un defensa de juego limpio, elegante si se quiere, es decir Thiago Silva y el ya citado, el rústico de Dante. Sobre Neymar no tengo dudas. Va a jugar, porque es la carta representativa.

Surge una inquietud. ¿Brasil le dará espacio a James o uno de los volantes intentará hacer sombra sobre sus movimientos ? Si eso sucede, Cuadrado deberá meterse más en el juego, porque después de la cordial bienvenida a la que fue sometido por el uruguayo Álvaro Pereira, se resintió y perdió influencia. Descansado como todo el grupo, está llamado a ser la otra carta para mover el plan de los volantes brasileños.

James está en el momento ideal para un futbolista. Por juego, por goles, por ascendiente dentro del grupo, y mientras mantenga ese nivel es cuestión de horas para ir ganando más terreno en la elección del mejor del campeonato. Por el Mundial pasan muchos jugadores, pero son pocos lo que poseen la estrella de convertirse en grandes figuras. James ya emigró del común y está unos cuantos peldaños arriba del común. Por eso, la “jamesmanía” se ha desatado, y con toda justicia.

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