Por: Alvaro Forero Tascón

Jaque al rey

LA ÚLTIMA MOVIDA ESTRATÉGICA del ex presidente César Gaviria podría ser un jaque al Presidente Uribe. El uribismo puede sostener que se trata de una simple escaramuza, pero Gaviria acaba de ubicarse en el centro del tablero de ajedrez, para empezar a disputar los votantes de centro del espectro político.

Álvaro Uribe es presidente porque Horacio Serpa le cedió el centro. Con el anuncio de no otorgarle ventajas políticas gratuitas al Presidente, y de estar dispuesto a ser candidato para evitarlo, Gaviria puede estar indicando que, liberado de la camisa de fuerza serpista, no va a permitir que la oposición vuelva a servirle en bandeja la Presidencia a Uribe. Y el anuncio de la conversación con Luis Eduardo Garzón, que va a desplegar toda su habilidad política para garantizar que Uribe tenga que enfrentar una centro izquierda unida. Ambos pasos buscan romper la estrategia reelectoral uribista de polarizar para cooptar el centro, y de presionar a la izquierda para dividirla.

Aunque el proyecto político que está construyendo Gaviria hoy suma poco en las encuestas comparado con el del Presidente, encierra una amenaza para Uribe, porque esta vez la lucha por el centro político no se va a reducir al tema de la seguridad. Primero, porque Uribe convenció a los colombianos de que las Farc están aniquiladas, haciéndose prescindible. Y segundo, porque Uribe está creando entre sectores moderados una preocupación electoral casi tan grande como la inseguridad –la del totalitarismo–, arrebatándole además a la izquierda el estigma antidemocrático que cargó por décadas, para lucirlo él.

Uribe no podrá enfrentar esta amenaza con la facilidad con que se desmarcó de las críticas de Gaviria al manejo de la revaluación. Porque corre el riesgo de empujarse a sí mismo cada vez más a la derecha. Si convierte la reelección en un referendo sobre su gobierno, tendrá que exhibir las credenciales más derechistas de presidente alguno en Latinoamérica. Y si trata de encubrirlas recurriendo al populismo tradicional, ahondará los temores sobre su parecido con Hugo Chávez y desgastará su coalición conservadora. Si responde aceitando más la maquinaria clientelista, terminaría aceptando que usufructa la parapolítica.

El presidente Uribe olvida que Colombia no es el Perú de Fujimori. Sobre todo, que César Gaviria ha recorrido el inclemente desierto de los últimos años, porque intuyó desde el principio, el peligro de combinar la tendencia caudillista de Uribe con el odio de la sociedad contra las Farc. Por su condición de ex secretario de la OEA y de gestor de la Constitución de 1991, Gaviria siente una responsabilidad histórica de defender la democracia.

Uribe gastó seis años de utilidades políticas producidas por la seguridad, en políticas profundamente conservadoras. Ahora con la reelección corre el riesgo de que sectores de opinión en las ciudades grandes, acostumbrados a votar por la centro izquierda en las elecciones locales, se desenganchen.

Gaviria apenas comienza a forjar la coalición de centro izquierda. No va a ser fácil consolidarla, pero como no parece hacerlo para tramitar aspiraciones personales, podría llegar a tener más éxito que Uribe con la suya.

* Analista político, investigador en opinión pública

 

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