Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

 JEP: Semana Santa para reflexionar

No hay peor látigo para una sociedad que cuando sus propios dirigentes y legisladores, como en el caso de las objeciones a la JEP, van en contravía de sus propios intereses, simple y llanamente para favorecer asuntos personales y partidistas.

Se necesita ser ciego e ignorante para no ver las injusticias que ya empiezan a cometerse con las víctimas del conflicto armado con las Farc; es inaudito pretender dejar sin castigo a quienes violaron humildes campesinas, reclutaron menores de edad para violarlos, secuestraron y asesinaron a toda clase de personajes de la vida nacional, despojaron y dejaron a humildes familias en la más absoluta miseria por el pago de secuestros y vacunas, entre muchas otras inequidades, y qué decir de las nefastas pescas milagrosas.

Sea esta la oportunidad para decir a quienes compete estudiar las objeciones presentadas por el presidente Duque sobre la Ley Estatutaria de la JEP que lo hagan con sentido de justicia social y con el ánimo de resarcir moral y económicamente a las víctimas del conflicto armado con las Farc.

Pretender hacer lo contrario sería atizar la hoguera para generar un nuevo conflicto social de incalculables consecuencias, ya hemos visto sus reacciones ante la negativa de la Cámara de Representantes de aprobar las objeciones presentadas por el presidente Duque.

El espectáculo que se presentó hace algunos días en la Cámara de Representantes, cuando fueron derrotadas por abrumadora mayoría las objeciones presentadas por el presidente Duque sobre la Ley Estatutaria de la JEP, muestra muy a las claras que primaron más los intereses politiqueros que haber aprobado un proyecto de ley con justicia social en favorecimiento de las víctimas del conflicto armado.

Con el debido respeto por quienes piensan lo contario, el Acuerdo de Paz tal cual está diseñado, si bien fue elevado a norma constitucional, encierra toda una ligereza de engaños y de mentiras, las cuales fueron desvirtuadas con el plebiscito de finales del 2016, cuando ganó el No pero lamentablemente fue desconocido por el presidente de entonces, Juan Manuel Santos.

Por lo tanto, sirva esta Semana Santa para que los colombianos entremos en unos días de meditación y de reflexión, con el fin de entender mejor los aspectos fundamentales de la vida nacional en los que, a decir verdad, se encuentran en juego diferentes problemáticas; de no darles solución adecuada, muy seguramente nos esperan tiempos difíciles.

Sea lo primero decir que a las objeciones presentadas por el presidente Duque sobre la Ley Estatutaria de la JEP hay que mirarlas con sentido de responsabilidad, haciendo a un lado intereses mezquinos y partidistas, solo mirando el bien de las víctimas que sufrieron todo tipo de maltratos y despojos durante los más de 50 años que duró el conflicto armado con las Farc.

No olvidar que por todo Colombia existen víctimas refugiadas, que están esperando desesperadamente ser llamadas por las entidades correspondientes para que se les dé solución a sus más angustiosos problemas. Se calcula que el total de víctimas a resarcir sobrepasa los diez millones de personas.

Esperamos que las objeciones sobre la Ley Estatutaria de la JEP que fueron negadas por la Cámara de Representantes pasen ahora al Senado de la República y que su estudio sea más cuidadoso, sin favorecimiento de apetitos personales y mezquindades políticas.

De negarse las objeciones en la cámara alta, muy seguramente el señor presidente, como lo hemos dicho varias veces en esta columna, deberá convocar una asamblea nacional constituyente con el fin de rescatar del lodazal legislativo los tres poderes públicos, que de acuerdo a como están las cosas requieren de una reforma profunda.

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