Joder de a metro

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Las administraciones de Samuel Moreno y Gustavo Petro en Bogotá han sido de las peores en la memoria reciente de la ciudad. Y como si no hubiese sido suficiente con los cuatro años que cada uno fue alcalde, ahora parece como si la ciudad les perteneciera al Polo Democrático, partido de Moreno, y a los Progresistas, el de Petro, a pesar de que se fueron del Palacio de Liévano hace rato.

Es notable la alharaca que entre el Polo y los Progresistas hacen por cualquier cosa que se haga en la ciudad. No importa lo que haga la administración de turno, no hay nada que funcione para los del Polo y los de Petro. Todo está mal. Y claro que no ayuda la arrogante y poco clara forma de comunicar del actual alcalde, pero no es posible que todo lo que haga o proponga sea malo porque sí. La destrucción, no la construcción, es la manera en que aparentan ver el mundo de polistas y Progresistas. Y en la mitad, los habitantes de Bogotá sin solución a los apremiantes problemas de la ciudad.

Nada más diciente de lo anterior que las discusiones alrededor del metro. Por el lado de los polistas, un concejal, Manuel Sarmiento, obligó a que el Tribunal Administrativo de Cundinamarca le entregara información con respecto al proceso licitatorio del proyecto para control político. Esto, incluyendo su estructuración financiera. Y cuando la política se mete en la estructuración técnica de un proyecto, es altamente probable que las cosas no salgan bien.

En buena hora, la Empresa Metro de Bogotá manifestó la inconveniencia y los riesgos que representa que por el control político se publique información con respecto a la estructuración financiera del proyecto. Esto porque el proyecto se adjudicará mediante licitación, en donde varios proponentes competirán. Eso, si no conocen la información con la cual se estructuró financieramente el metro de Bogotá. Porque en el momento en que la conozcan, es muy posible que las propuestas se acerquen al máximo precio al que está dispuesto a adjudicar la Empresa Metro el proyecto. En cualquier caso, los damnificados seremos los usuarios del metro.

Estas cosas, desafortunadamente y simplemente por política, tienen eco en los medios de comunicación. En un tuit del 8 de abril, el periodista Aurelio Suárez, de Blu Radio, compara el argumento de la Empresa Metro de Bogotá con el “robo” de Reficar. ¿No revelar información confidencial y hacerla pública, en un proceso licitatorio, es sinónimo de “robo” o corrupción, cuando lo que realmente sucede es que se busca optimizar su resultado?

Las consecuencias de revelar la información en una licitación pública abierta, con competencia, son claras. Solamente el odio o la política pueden explicar comentarios tan desafortunados.

Por el lado de los petristas la cosa tampoco es mejor. Sin ningún pudor, Petro abiertamente ha mentido en lo que al metro respecta. Según el, por ejemplo, la ley dice que los diseños de detalle tienen que estar listos antes de salir a licitar. Totalmente falso. No hay ley que impida salir a contratar los diseños de detalle dentro de una licitación, algo que entre otras cosas permite asignar el riesgo de dichos diseños al adjudicatario del proyecto.

Bogotá se ha convertido en un hervidero político de debate, con independencia de pensamiento y criterio. Y eso está bien, pues así es que la ciudadanía hace respetar sus derechos. Las cosas en la ciudad hay que ganárselas, pero no a punta de dogma. Más análisis y más conceptos es lo que se necesita.

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