Por: Reinaldo Spitaletta
Sombrero de mago

John Reed y la Revolución rusa

La Revolución rusa fue un acontecimiento extraordinario, un hito de la historia, que continúa suscitando interpretaciones y debates. Determinó un antes y un después. Nada en el mundo siguió siendo lo mismo, tras la explosión de octubre de 1917. Y un gran reportaje, convertido en referente mayor, como un singular documento histórico, nos sigue narrando los pormenores y pasajes épicos de aquella conmoción social y política.

John Reed, periodista estadounidense a quien por sus distintos trabajos se le conoce como el Reportero de la historia, lograría en un fresco renacentista pintar los acontecimientos que cambiarían a la Rusia zarista y la burguesa de Kerenski, en un sueño real de obreros, campesinos y soldados. Diez días que estremecieron al mundo, una visión integral de primera mano sobre la revolución, es, desde la perspectiva periodística, una muestra de rigor investigativo y bella narración literaria.

Reed, que no era un reportero indiferente, tampoco neutral, sabía que estaba en medio de unos sucesos históricos de gran calado. Él, un revolucionario, un periodista que siempre había mostrado sus simpatías por los oprimidos y olvidados, consultando todas las fuentes posibles (orales y documentales), plasmó una obra asombrosa, como bien la calificó Nadia Krupskaya en el prefacio de la primera edición rusa.

El libro les da prioridad a los episodios de Petrogrado, centro de la insurrección popular y, como lo advierte el autor de México insurgente, cuyas simpatías no eran neutrales, “he procurado estudiar los acontecimientos como un cronista concienzudo, que se esfuerza por reflejar la verdad”. Escrito durante tres meses en un viejo edificio donde funcionaba el restaurante Greenwich Village Inn, en Nueva York, Diez días que estremecieron al mundo es una obra maestra del reportaje o, como lo decía la esposa de Lenin, de la epopeya.

Antes de los sucesos de Rusia, el periodista, nacido en Portland el 22 de octubre de 1887, había cubierto huelgas obreras (como la de los mineros de Paterson), la guerra de Colorado, las incidencias de la revolución agraria mexicana y la guerra en Europa oriental. Escribió en la revista The Masses, en las que colaboraban, entre otros, Máximo Gorki, Sherwood Anderson, Bertrand Russell y Carl Sandburg, y, junto a Upton Sinclair, era un destacado reportero socialista.

Diez días que estremecieron al mundo es un libro necesario no solo para la comprensión y análisis de la insurrección rusa, sino para el estudio del periodismo, de cómo utilizar y confrontar las fuentes informativas, la verificación de los hechos y la óptica de un reportaje. Es la acertada mezcla de razón y sentidos, de emociones y pensamientos.

En doce capítulos, con anexos, prefacios y postfacios, es una lección de historia, en la que todo se nombra y nada se deja al azar. Reed, perseguido y encarcelado en su país, tuvo reconocimientos en todas partes, en particular en el novísimo Estado de los sóviets. “Después de haber leído, con inmenso interés e inalterable atención hasta el fin, el libro de John Reed, Diez días que estremecieron al mundo, desde el fondo de mi corazón lo recomiendo a los obreros de todos los países”, escribió Lenin a finales de 1919.

En su libro están todas las voces, desde las de los más retardatarios hasta, por supuesto, las de Lenin y Trotski, y, con mayor énfasis, las del pueblo ruso. Se sienten las canciones, se escuchan las proclamas. Suenan la Internacional y la Marcha fúnebre (melancólica y triunfal): “Se acerca el momento en que el pueblo despertará, grande, potente y libre…”. En este gran reportaje se basó Serguei Eisenstein para la filmación de Octubre, película con la que se conmemoraron (o celebraron, según como se observe) los diez años de la Revolución bolchevique.

Reed no fue un afiebrado muchacho de clase alta que simpatizó de momento con las luchas sociales. Era un convencido de las transformaciones del mundo y un audaz crítico del capitalismo. Durante los cuatro años que pasó en la Universidad de Harvard creó allí agrupaciones socialistas. “Se convirtió en peregrino de los grandes caminos del mundo. (…) Como el albatros, el ave de las tempestades, estaba presente dondequiera que sucedía algo importante”, escribió su amigo Albert Rhys Williams, autor de una biografía.

El libro de Reed continúa como un paradigma del buen quehacer reporteril y como fuente clave para el estudio de aquel sismo social de 1917. Es la historia vista por un escritor y periodista. John Reed murió de tifo en Moscú, el 17 de octubre de 1920, a los 33 años de edad. Lo enterraron al pie de la muralla roja del Kremlin. Su obra continúa conmoviendo al mundo.

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