Por: Guillermo Zuluaga

Juan José Hoyos, un profe amoroso

Yo no sé si es cierto que lo dijo porque a él se le atribuyen tantas frases dichas, pero dicen que Borges dijo que lo que se enseña, finalmente, es amor por el oficio. Y eso fue Juan José Hoyos, reciente ganador del Premio Simón Bolívar, en la categoría Vida y Obra: además de un gran escritor, un profesor amoroso que nos enseñó a amar el periodismo, en especial ese que gusta de contar historias.

Y contando historias lo conocimos muchos en la Universidad de Antioquia, esa que él tanto amaba, y esa que amamos tanto y tantos. Quienes tuvimos la fortuna de ser sus alumnos, supimos que lo suyo no eran teorías sesudas sino la recomendación de buenas lecturas, de grandes maestros; la escucha amable y respetuosa a lo que los alumnos intentábamos contar. Cuando él leía o contaba lo hacía con su voz pausada —uno hasta alcanzaba a pensar que se estaba durmiendo— pero en el fondo, como diría Fidel Cano, “el estilo es el hombre”, y él es parsimonioso, tranquilo, reposado, que es quizá la forma como lograba que fuéramos sumergiéndonos en las historias que amorosamente nos compartía.

De esa cátedra de “Periodismo y Literatura” en la que el profe Juan José nos “acompañaba” y a la cual casi nadie faltaba, me quedó ese gusto –esa búsqueda— por las historias. Luego tuve la fortuna de tenerlo como profesor en el curso “Historia de la Prensa”, que dictaba con su colega y amiga entrañable Maryluz Vallejo. Ahí, creo, nos inyectó el amor por esos viejos periódicos que también él amaba. En ese curso de historia él nos explicaba la evolución de los periódicos de Colombia y los grandes periodistas y contextualizaba. A pesar de que era un hombre conocido como un cultor del periodismo narrativo, nos explicaba qué pasaba en el país en el momento en que las grandes plumas, los grandes editorialistas, los grandes reporteros estaban tratando de ayudar a construir país desde el periodismo.

El amor que él ha tenido por enseñar su pasión supera las barreras de las aulas. Tiempos después de muchos ser sus alumnos, algunos hemos vuelto a buscarlo con algunas historias de nuestra cosecha, y aunque se ha tomado un tiempito, luego nos ha devuelto esas hojas con sus apuntes al final en lapicero rojo, para que las tuviéramos en cuenta. También, muchos lo buscamos muchas tardes de viernes, desde finales de 2002, cuando formó el grupo John Reed —donde rendía culto a ese gran periodista norteamericano— e invitó a unos amigos y un grupo de estudiantes entusiastas, y al filo de esas tardes y con tres, cuatro… cervezas edulcoraba unas buenas lecturas. Juan José era el jefe de esa tribu, el patriarca bendecido que guiaba o trataba de encauzarnos en el amor por las buenas lecturas, en el amor por contar, por reflexionar, por interpretar esta ciudad y estas gentes. Quienes disfrutábamos ese espacio esperábamos por esas horas de la tarde para reunirnos en un bar cerca al frente al lado de la Universidad de Antioquia y seguir buscando a ese profe que buscaba influirnos “la pasión por contar”. En ese grupo surgió o sé que se acrecentó más el amor por este oficio de contar historias, por este oficio de caminar la ciudad que él ha querido y entre la gente humilde, amable que tanto él ha querido.

El amoroso Juan José es el gran responsable de que muchos hayan y hayamos seguido su ejemplo. Porque él es un profe en el sentido pleno; además de sus cátedras cargadas de escenas, de ambientes, de diálogos, de contextos; también ha dedicado sus mejores años a tratar de influir desde sus libros; a más de sus obras de ficción, Juan José desde sus libros sienta cátedra: entre otros, Sentir que es un soplo la vida y El oro y la Sangre, dan fe del gran reportero. Un pionero del reportaje. Francisco de Paula Muñoz y el crimen de Aguacatal y Escribiendo historias. El arte y el oficio de narrar en el periodismo son piezas que por su claridad y profundidad deberían ser obligatorias en todas las facultades de periodismo.

Juan José tiene tanto amor por el periodismo que también ha sido un guardián del legado de los grandes periodistas y periódicos de Colombia. La hemeroteca de la Universidad de Antioquia, fuente de consulta de tantos investigadores, existe en gran medida por la curiosidad de este profesor que nunca dejó de ser reportero ni inquieto; al tiempo que ayudaba a organizarla también se dedicó a esculcar periódicos y revistas; fruto son sus investigaciones que muestran y demuestran el amor que otros, más antes tuvieron por el periodismo. Quizá por ello le creíamos cuando nos decía que el “Nuevo periodismo” no era tan nuevo y nos ponía como ejemplo el reportaje de Francisco de Paula Muñoz sobre el Crimen del Aguacatal, ocurrido en 1873, y sobre el que Muñoz, hizo una suerte de A sangre fría, 80 años antes de que Capote escribiera su novela de no ficción.

Juan José Hoyos recibió el Premio Simón Bolívar de Periodismo y no resta decir que me siento muy orgulloso por el profe que nos ha enseñado el amor por este oficio y también nos ha enseñado otros amores. Gracias a Juan José, a muchos se nos ha afianzado el amor por el tango, esa otra forma de contar historias de ciudad; también él nos ha ayudado a muchos a acrecentar o a no desfallecer en nuestro amor por el Independiente Medellín: de hecho la última vez que lo vi fue al final de una charla de escritores que hablaban sobre eso de querer a nuestro equipo y él lo asoció con sus primeros libros, su primeras fotografías, sus amores, sus frustraciones y alegrías como parte de este Medellín que le presta su nombre a un equipo de fútbol; o viceversa, como decimos otros más atrevidos.

Juan José ha sido un profe desde su ejemplo como reportero juicioso; desde su escritura diáfana y cercana; desde sus libros en que se lee al investigador preocupado por valorar lo que hicieron los grandes de este oficio antecesores y donde da pistas para seguir sus pasos. Quienes hemos tenido la fortuna de escucharlo o en algún bar con un tango o un son cubano o un bolero —sus ritmos preferidos— no podemos más que sentirnos orgullosos de tenerlo. Y de pedirle a la vida que nos lo regale muchos años para que nos siga deleitando con ese gusto que tiene por escribir; por ese gusto que tiene por contar y por ese gusto que tiene por enseñar.

A Juan José lo necesitamos para que nos siga enseñando su amor por el periodismo.

 

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