Por: María Teresa Ronderos

Juan Pa', abre los ojos: no habrá paz con mermelada

Señor presidente Santos, aproveche el capital político que le dejaron los 7,8 millones de votos y el espaldarazo ciudadano a la paz para empezar la transformación política de fondo que necesitamos. Al contrario de lo que han dicho muchos, que el triunfo en la segunda vuelta lo dejó empeñado hasta la corona, yo pienso que le dejó las manos libres. La diferencia de votos a su favor provino de millones de colombianos hartos con la guerra, cansados de odiar y asustados de volver a los tiempos del caudillo pendenciero.

Seguramente las maquinarias de los Yahires y los Roosevelts le ayudaron, pero estoy segura de que buena parte de los votos de las costas Caribe y Pacífica fueron impulsados por los movimientos sociales que lo acompañaron. Provinieron de las víctimas de las guerras insensatas de medio siglo que no quieren sufrir más; de la comunidad indígena, cuya claridad política y capacidad de resistencia al crimen y a la violencia nos dan ejemplo; y de ciudadanos autónomos que intuitivamente desconfían de los que se venden como salvadores de la patria, así no gusten de las instituciones que hay. Al fin y al cabo, las segundas son transformables, criticables. A los salvadores sólo se les puede venerar.

Por estas razones está usted en la mejor posición para dar un giro crucial para alcanzar la paz: comience el desmonte del clientelismo allí donde la violencia se ha afianzado. Por ejemplo, dele menos peso a la milimetría política en los órganos de administración y decisión del sistema general de regalías, y más al liderazgo social, intelectual y económico de las regiones. Si así lo decidiera, en la Costa Caribe no se estaría invirtiendo el grueso de estos dineros irrepetibles en la ampliación de puertos y troncales (en lo que tienen sobrado interés las empresas familiares de políticos), sino que destinarían más recursos para cerrar las enormes brechas de desigualdad social y educativa que el reciente conflicto profundizó.

Otro ejemplo: en lugar de seguir repartiendo cuotas políticas en los Bienestar Familiar del Pacífico para que roten allí cada semestre a funcionarios que se preocupan sobre todo por el bienestar de sus propias familias, ponga a su Departamento de Prosperidad Social a proteger a los jóvenes de esos atormentados puertos de la mano de las organizaciones de mujeres que hay allí o de los consejos de comunidades afros. Seguramente serán más eficaces en evitar que bacrim y guerrillas recluten a la fuerza cada semana a varios adolescentes.

Es que, señor presidente, el clientelismo no es neutral ni inocuo en el conflicto armado. Lo alimenta de la forma más perversa porque pone al Gobierno Nacional a respaldar a lo más ilegítimo (y a veces criminal) de la representación regional; pone a los políticos locales a preocuparse más por cumplirle al cacique de arriba que a la gente que representan; y deja a los ciudadanos sin quien los apoye para resistir al crimen y la violencia.

Por eso párese firme sobre el mandato ciudadano por la paz que acaba de conseguir. Empiece por dejar que esas instituciones que usted ha querido remozar y hacer más eficaces operen, sin la continua interferencia de los politiqueros, dándoles respaldo técnico y protección a esas gentes cansadas de guerra que votaron por usted y quieren tener injerencia real en el desarrollo de sus propios territorios. Saque de la repartija burocrática a aquellas entidades vitales para superar el conflicto violento, como Plan de Consolidación o Incoder. Anímese a deshilvanar el clientelismo por ahí. Mire que las dos en simultánea, paz y mermelada, no son compatibles.

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