Por: Fernando Barbosa
A mano alzada

Jueces: técnicos y sabios

Muchas veces lo que aceptamos como grandes verdades adquiere la dimensión del mito y se distancia más y más de la realidad. Grabado en piedra en el frontispicio del Palacio de Justicia en Bogotá, se lee: “Las armas os han dado independencia, las leyes os darán libertad”. Pero la historia se ha encargado de desmentir este deseo.

Lo evidente es que la humanidad siempre se ha movido al compás de los vaivenes. El cambio, como lo sostienen los daoístas, es lo único cierto. Y las leyes, que se quisieran inmutables, solo sobreviven cuando interpretan adecuadamente las realidades. El artículo 9 de la Constitución japonesa de 1947, todavía vigente, dice: “El pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o al uso de la fuerza como medio de solución en disputas internacionales. Con el objeto de llevar a cabo el deseo expresado en el párrafo precedente, no se mantendrán en lo sucesivo fuerzas de tierra, mar o aire como tampoco otro potencial bélico”. Ante semejante mandato, cuya claridad no debería ponerse en duda, resulta imposible explicar por qué tienen uno de los ejércitos mejor dotados del mundo.

Lo que han hecho los japoneses ha sido entender que la Carta es en verdad un pacto político y que su interpretación, al tratarse de un tema estratégico ligado a la seguridad nacional, debe mirarse desde la política. Grandes acuerdos entre las fuerzas representadas en la Dieta han logrado encontrar soluciones apropiadas. Tanto como que permitieron la creación de las Fuerzas de Autodefensa que es un ejército con limitaciones, pero con capacidad para contestar militarmente eventuales ataques foráneos. De igual manera se ha ido avanzando hacia la posibilidad de intervenciones ofensivas de tipo preventivo, que es un tema muy debatido y que gradualmente se está dirigiendo hacia una posible revisión del mencionado artículo 9.

Ahora, cuando miramos la Colombia de hoy, lo que encontramos es un sistema en el que prevalece la técnica jurídica sobre la justicia y que explica la altísima tasa de impunidad. El juego procedimental se ha convertido en una herramienta técnica, que paradójicamente podría ser administrada por un computador. De tal manera, el derecho comienza a operar sólo cuando se viola la ley, mientras la justicia queda al garete, perdida entre artículos e incisos.

Pareciera entonces que Santander falló. Las armas nos han hecho dependientes de la fuerza y no de la razón. Y las leyes, en vez de darnos libertad, nos han encadenado al artículo y al inciso y no a la justicia.

Corolario: los técnicos miran hacia atrás pues construyen sobre lo que existe. El sabio mira hacia adelante para construir futuro.

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