Por: Felipe Jánica

Juego limpio, señores

Así como en el fútbol la FIFA ha venido promoviendo el “fair play” o juego limpio, en otros deportes también se ha venido enfatizando en jugar con reglas claras y también con total justicia. Para que esto suceda, todos los actores del juego debemos hacer un compromiso en el que cumplamos a cabalidad con las reglas, nos solo por cumplirlas sino porque queramos hacer lo correcto. Por un lado, los jugadores de los equipos se comprometen, primero con hacer su mejor esfuerzo en el campo de juego, que no es más que seguir lo practicado durante la semana. Los árbitros por su parte se deben comprometer a impartir justicia y a tratar de equivocarse lo menos posible y que su juicio profesional no se parcialice. Así las cosas, podríamos tener un juego tranquilo y todos felices. Sin embargo, la realidad termina siendo otra cuando alguna de las partes no hace tangible su compromiso. Cualquier parecido con la realidad económica y social es pura coincidencia.

Por estos días donde hay marchas en Colombia y en Ecuador, han salido a relucir una cantidad de antivalores que parecieran camuflarse en las espesas cortinas de humo alimentadas por la polarización latente. Pareciera que hay varios tipos de batallas en un campo de guerra estrecho. Una por parte de los manifestantes, otra por parte de la fuerza pública, ambas son quienes llevan la peor parte y quizá por su nivel de ausencia de profundidad de comprensión y de preparación. La fuerza bruta es el elemento más preciado por ambos bandos y ese es y seguirá siendo su caballo de batalla. Esto porque las vías de hecho jamás serán el mejor camino. Existe otro campo de batalla, el de los opinadores. Por un lado, los que creen que hay que luchar por sus derechos y otros, los normalizadores, que tratan de calmar las aguas arguyendo la ley y sus reformas y los beneficios de ellas. En medio de este desorden social, hay que incluir un atizador del fuego: las redes sociales.

Voy a empezar por lo que creo podemos controlar en este momento de efervescencia y calor. Las redes sociales han sido y lo seguirán siendo, un caldo de cultivo de las batallas. Si en las manifestaciones vemos muestras de fuerza bruta desmedida, en las redes sociales el asunto es igual o peor. Si en el campo de batalla, las manifestaciones se emplea la fuerza y el vandalismo, en las redes sociales el panorama es aterrador. Solo basta con un mensaje a favor o en contra de las manifestaciones para que inicie una ilación, en la mayoría falaces, encadenada por improperios de un lado o del otros. Los insultos de un lado y del otro parecieran de nunca acabar, como que quienes se insultan nunca aprendieron que los insultos son las armas de los incapaces. Se puede opinar por supuesto, pero no se puede caer en la estupidez de aprovechar un pensamiento político para destruir a su contrincante. Recordemos que cuanta más verdades decimos más enemigos tendremos. Pero pensar diferente del otro no nos hace o nos vuelve puritanos o corruptos o de izquierda o de derecha, simplemente seremos pensadores, nada más. Esto lo entenderán los atizadores del fuego cuando los pensamientos no motiven descargas de improperios.

Volviendo al tema del “fair play”, hay un actor del que casi nadie tiene en cuenta. La justicia de nuestros países sale siempre a relucir cuando el orden social supera las leyes. El asunto importante acá es qué tan preparada está la justicia para judicializar a quienes se salgan del orden normal de las cosas. Por supuesto el asunto que viene a renglón seguido es si las leyes están acordes a la realidad actual. Por eso es que debemos enfatizar en reformas estructurales que conduzcan a nuestros países a realidades diametralmente diferentes a las que nos toca enfrentar o aguantar.

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2019-10-14T00:00:17-05:00

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