Por: Iván Mejía Álvarez

Jugar y jugar...

Los objetivos del juego amistoso por fecha Fifa del pasado miércoles se cumplieron en su gran mayoría, así algunos crean que no pasó nada, que no hubo nada, que no quedó nada.

El técnico Hernán Darío Gómez no convocó a los jugadores que actúan en otros países por una elemental razón: los que están en Europa apenas están arrancando su temporada y están fuera de ritmo, duros tras el trabajo físico, por lo que armó una selección con jugadores locales. El técnico debe ampliar su base de datos, su base de convocatoria, y tener como mínimo 40 futbolistas aptos para ser seleccionados. No puede depender de Falcao, Guarín, Rodallega, de los mismos 15 ó 20 que vienen siendo seleccionados.

Los críticos afirman que otros países, como Argentina, Uruguay y Paraguay, sí convocaron a los ‘europeos’ para estos juegos amistosos. Es cierto, pero ellos ya tienen una base, ya tienen una selección, un estilo, vienen de jugar el campeonato mundial, mientras que Colombia está reiniciando un proceso. Para ellos, es continuar el camino, para Colombia es irse afirmando. Cosas bien diferentes.

Se puede discrepar de uno que otro nombre de los llamados por Gómez. Siempre habrá críticas a cualquier nómina y los gustos particulares salen a flote, pero el seleccionador es Gómez y tiene todo el derecho a probar su gente, a buscar su nómina, a encontrar soluciones diferentes.

Por ejemplo, Bréiner Castillo es una magnífica alternativa en momentos en que Agustín Julio no parece convocable y la base de porteros es corta. De tener muchos en un momento determinado, hoy no se tienen tres arqueros que brinden garantías y por eso hay que darles su oportunidad a los que esperan turno. Por eso, encontrar un arquero como Castillo es positivo. Y ver el nivel que tiene Arias para desdoblarse y tomar posiciones defensivas, también es interesante. Y confirmar que Bacca es goleador y no pierde oportunidades es magnífico.

En la pésima cancha de La Paz el seleccionado mostró orden para replegarse y rearmar la figura. Un equipo corto en la cancha, a lo ancho y lo largo, que controló el juego mediante la posesión de pelota. Un equipo con notables problemas de armado y talento, pero trabajador en la cancha y solidario en las tareas de recuperación.

El técnico nacional tiene que preocuparse muchísimo por la zona pasiva que se hace en las en las pelotas aéreas, donde siempre ganaron los bolivianos, y en los rebotes, donde faltó diligencia y rapidez.

Es preocupante que Hernán Darío Gómez ya vaya creando una entelequia inaceptable: o juega Dayro o juega Pabón. Ese temita ya se conoce y siempre ha terminado mal. Los dos son buenos jugadores y el técnico no puede desde ahora crear la disyuntiva de que no pueden actuar juntos.

En fin, para muchos fue tiempo perdido. Para otros, incluido este periodista, el amistoso dejó cosas interesantes y dignas de rescatar y eso es mejor que nada… que no jugar y quedarse rascándose la barriga en la casa.

 

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